Los
días parecían pasar en minutos, junto a Mike era todo tan
maravilloso que no se dio cuenta de que el verano se había esfumado.
Era
un día a principios de septiembre, se levantó a las siete y media,
como de costumbre. Recogió sus cosas, se vistió y peinó y salió a
casa.
Ya
empezaba a refrescar a esas horas así que llevaba una rebeca a juego
con su camiseta y sus pantalones oscuros.
De
pronto vio algo extraño. Parecía que alguien la siguiera o la
observara y pronto supo a que se debía la sensación.
-¿Nico?-
preguntó al muchacho que andaba casi a su lado. Sí, era él, no
cabía duda.- Cuanto tiempo, ¿no?
-Hola
Amy, ¿qué tal?- Se colocó a su lado y le sonrió.
-Genial,
¿y tú? Hace tiempo que no te veo por el hospital- preguntó ella
con curiosidad.
-No
me puedo quejar. Sí, me han cambiado de planta.
-¡Que
pena!- Intentaba ser lo más amable posible aunque sabía que eso
podía herirle si aun no la había olvidado.
-Sí,
la vedad. ¿Y a ti? ¿Cómo te va con Mike?- la miró a los ojos, a
esos ojos azules que se grabaron en su corazón desde que la vio por
primera vez.
-Muy
bien, realmente bien- sin querer sonrió ante el recuerdo de su
querido Mike.
-Aunque
creas que no, me alegro- bajó la cabeza avergonzado.
-¿Por
qué iba a creer que no?- intentó animarlo.
-Hice
muchas tonterías.
-¿Cómo
qué? Que yo recuerde solo nos interrumpiste una vez y no fue para
tanto- intentó parecer segura.- Todo está olvidado.
-Gracias,
en serio.
Antes
de que pudiera contestarle divisó el hospital a escasos metros.
Entraron
por la gran puerta y se separaron al llegar a sus respectivas
plantas.
Para ella aquel encuentro la alegró, en realidad, nunca
había tenido nada en contra de él, al contrario. Pero para él
había sido algo más.
Llevaba
todo ese tiempo pensando y recapacitando sobre lo que Carol le había
comentado en el bar aquel día y no creía que pudiera hacerle eso a
Amy. En realidad, la idea era bastante buena pero, ¿cómo hace que
Amy viera a Coral con Mike para que cortaran? Él la quería
demasiado, no podía hacer que sufriera de esa forma. Si era feliz
con Mike él no debía entrometerse.
Pero
no todo era como él pensaba.
~
# ~
Se
quitó la bata de médico. Acababa de terminar su turno y quería
salir rápido de allí.
Al
salir observó a su alrededor pero no estaba. Mike la había llamado
y dicho que la recogería para ir a almorzar pero no lo encontraba.
Tras
unos instantes lo vio, allí junto a una chica que no conocía y que
parecía coquetear con él.
Nunca
había sido celosa, ni siquiera se extrañó al verlo, pero entonces,
mientras se acercaba, vio que la chica morena se acercaba a Mike y lo
besaba.
No
se lo podía creer. Algo recorrió su cuerpo, no sabía si era ira o
celos pero lo que sabía era que no le gustaba aquel sentimiento.
Involuntariamente
se giró y comenzó a correr de vuelta al hospital. No sabía
exactamente que hacía. Era bastante impulsiva, solía hacer lo que
su corazón le dictaba sin poder controlarlo y a veces se arrepentía.
Cuando
estuvo a unos diez pasos del hospital se chocó con alguien: Nico.
Este la agarró de los hombros para que no se cayera.
-Amy,
¿qué te ocurre?- preguntaba una y otra vez, pero ella no
contestaba.
Subió
la vista y al mirarlo a los ojos se echó a llorar. Nico la abrazó y
ella le devolvió el abrazo.
No
supo lo que le pasaba hasta que vio a Mike corriendo hacia donde se
encontraban y a Carol unos pasos atrás mirándole.
Le
pareció leer en sus labios un “te toca” pero no estaba seguro.
Ambos
estaban tan confusos que se quedaron allí, abrazados mientras Mike
los observaba unos metros atrás.
-¿Quieres
que te lleve a casa y allí me cuentas?- preguntó Nico por fin.
Solo
pudo asentir entre sus brazos. Era un abrazo cálido y sincero, pero
no era de Mike.
Mientras
andaban camino a su casa, pensaba como en menos de un mes se había
hecho a Mike. Se había enamorado de él, casi dependía de él y eso
no le gustaba. Hacía mucho tiempo que se había prometido a sí
misma que jamás volvería a depender de un hombre.
~
# ~
-¿Estás
bien?- preguntó mientras se levantaba del sofá.
-Sí,
muchas gracias por todo.
-Recuerda
que te he dejado mi número, si necesitas algo ya sabes.- Le sonrió
mientras se acercaba a la puerta.
-Claro-
señaló a la nevera- ahí está.
Sonrió
de nuevo antes de salir por la puerta.
Nico
era un chico amable, amistoso, atento, pero ella quería a Mike y
hasta eso se cuestionaba.
Necesitaba
salir, huir, irse de allí cuanto antes. Necesitaba irse de Nueva
York, recapacitar un tiempo, o eso creía.
Pero
entonces, el sonido de su móvil la alertó. Era del hospital, había
una emergencia a la que tenía que atender. Muy cerca de allí, un
chico se debatía entre la vida y la muerte. De nuevo, la muerte
abatía contra ella y tenían que verse las caras.
Recordó
aquel día, aquel día en que salvó a Mike. Sacudió la cabeza para
quitar de su cabeza esos recuerdos y salió de su casa a toda prisa
para atender la emergencia.
La
calle estaba hasta arriba de gente andando de un sitio para otro a
toda prisa. La ciudad siempre estaba así, desbordada, y entonces
echó de menos el aire que recorría en su antigua casa, en su
antigua ciudad, con su padre, observando las
estrellas.
Empezó
a correr a toda prisa, tenía la dirección y tenía que llegar lo
más rápido posible.
Al
llegar a aquella dirección, vio que no necesitaba echar la puerta
abajo como cuando tuvo que entrar a por Mike, sino que el muchacho
estaba allí, en mitad de la calle, inconsciente en el suelo rodeado
de un montón de personas.
-¿Qué
le a ocurrido?- preguntó Amy a una mujer que lo observaba.
-No
lo sabemos, estaba tan tranquilo aquí con sus amigos y entonces se
cayó hacia atrás y sus amigos se largaron corriendo.
Amy
se hizo un hueco entre la gente y se inclinó ante el muchacho.
Tendría unos veinte años más o menos. Parecía como sí...
-¡Es
una sobredosis! ¡Apartaos, necesita respirar!- gritó.
Nunca
había imaginado que sería eso, ¡una sobredosis en medio de la
calle! ¿Cómo había sido tan estúpido?
El
chico sentía convulsiones, los ojos le daban vueltas y tenía la
respiración entrecortada y débil, su tez estaba demasiado pálida y
sus labios tenían un tono violáceo, casi morado oscuro cosa que no
era muy buena.
La
gente no se apartaba, cada vez sentía más miedo por ese chico, y la
ambulancia no llegaba.
-¡Apartaos,
soy médico!- gritó de nuevo y la muchedumbre pareció apartarse un
poco.
Supuestamente
la ambulancia estaba en camino, pero tenía que hacer algo, por eso
la habían llamado.
Le
hizo la respiración de boca boca hasta que su respiración se vio
menos débil y luego lo colocó de lado, cosa que se debe hacer ante
un caso así.
A
su lado escuchó un “¡Apartaos!”. Pensó que era la ambulancia,
pero no, era Nico. Se colocó a su lado y le susurró.
-No
te preocupes, están a unas manzanas.
Amy
sintió que se desmayaría ella también, pero de alegría. Nunca la
había alegrado tanto Nico.
-No
sé si aguantará mucho más- le informó.
Entonces
oyó el sonido de la sirena a unos metros y suspiró de alivio.
En
menos de un minuto, el chico estaba dentro de la ambulancia y de
camino al hospital.
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