miércoles, 14 de noviembre de 2012

Capítulo 4, segunda parte.~


Los días parecían pasar en minutos, junto a Mike era todo tan maravilloso que no se dio cuenta de que el verano se había esfumado.

Era un día a principios de septiembre, se levantó a las siete y media, como de costumbre. Recogió sus cosas, se vistió y peinó y salió a casa.

Ya empezaba a refrescar a esas horas así que llevaba una rebeca a juego con su camiseta y sus pantalones oscuros.

De pronto vio algo extraño. Parecía que alguien la siguiera o la observara y pronto supo a que se debía la sensación.

-¿Nico?- preguntó al muchacho que andaba casi a su lado. Sí, era él, no cabía duda.- Cuanto tiempo, ¿no?

-Hola Amy, ¿qué tal?- Se colocó a su lado y le sonrió.

-Genial, ¿y tú? Hace tiempo que no te veo por el hospital- preguntó ella con curiosidad.

-No me puedo quejar. Sí, me han cambiado de planta.

-¡Que pena!- Intentaba ser lo más amable posible aunque sabía que eso podía herirle si aun no la había olvidado.

-Sí, la vedad. ¿Y a ti? ¿Cómo te va con Mike?- la miró a los ojos, a esos ojos azules que se grabaron en su corazón desde que la vio por primera vez.

-Muy bien, realmente bien- sin querer sonrió ante el recuerdo de su querido Mike.

-Aunque creas que no, me alegro- bajó la cabeza avergonzado.

-¿Por qué iba a creer que no?- intentó animarlo.

-Hice muchas tonterías.

-¿Cómo qué? Que yo recuerde solo nos interrumpiste una vez y no fue para tanto- intentó parecer segura.- Todo está olvidado.

-Gracias, en serio.

Antes de que pudiera contestarle divisó el hospital a escasos metros.

Entraron por la gran puerta y se separaron al llegar a sus respectivas plantas. 
Para ella aquel encuentro la alegró, en realidad, nunca había tenido nada en contra de él, al contrario. Pero para él había sido algo más.

Llevaba todo ese tiempo pensando y recapacitando sobre lo que Carol le había comentado en el bar aquel día y no creía que pudiera hacerle eso a Amy. En realidad, la idea era bastante buena pero, ¿cómo hace que Amy viera a Coral con Mike para que cortaran? Él la quería demasiado, no podía hacer que sufriera de esa forma. Si era feliz con Mike él no debía entrometerse.

Pero no todo era como él pensaba.

~ # ~

Se quitó la bata de médico. Acababa de terminar su turno y quería salir rápido de allí.

Al salir observó a su alrededor pero no estaba. Mike la había llamado y dicho que la recogería para ir a almorzar pero no lo encontraba.

Tras unos instantes lo vio, allí junto a una chica que no conocía y que parecía coquetear con él.

Nunca había sido celosa, ni siquiera se extrañó al verlo, pero entonces, mientras se acercaba, vio que la chica morena se acercaba a Mike y lo besaba.

No se lo podía creer. Algo recorrió su cuerpo, no sabía si era ira o celos pero lo que sabía era que no le gustaba aquel sentimiento.

Involuntariamente se giró y comenzó a correr de vuelta al hospital. No sabía exactamente que hacía. Era bastante impulsiva, solía hacer lo que su corazón le dictaba sin poder controlarlo y a veces se arrepentía.

Cuando estuvo a unos diez pasos del hospital se chocó con alguien: Nico. Este la agarró de los hombros para que no se cayera.

-Amy, ¿qué te ocurre?- preguntaba una y otra vez, pero ella no contestaba.
Subió la vista y al mirarlo a los ojos se echó a llorar. Nico la abrazó y ella le devolvió el abrazo.

No supo lo que le pasaba hasta que vio a Mike corriendo hacia donde se encontraban y a Carol unos pasos atrás mirándole.

Le pareció leer en sus labios un “te toca” pero no estaba seguro.

Ambos estaban tan confusos que se quedaron allí, abrazados mientras Mike los observaba unos metros atrás.

-¿Quieres que te lleve a casa y allí me cuentas?- preguntó Nico por fin.

Solo pudo asentir entre sus brazos. Era un abrazo cálido y sincero, pero no era de Mike.

Mientras andaban camino a su casa, pensaba como en menos de un mes se había hecho a Mike. Se había enamorado de él, casi dependía de él y eso no le gustaba. Hacía mucho tiempo que se había prometido a sí misma que jamás volvería a depender de un hombre.

~ # ~

-¿Estás bien?- preguntó mientras se levantaba del sofá.

-Sí, muchas gracias por todo.

-Recuerda que te he dejado mi número, si necesitas algo ya sabes.- Le sonrió mientras se acercaba a la puerta.

-Claro- señaló a la nevera- ahí está.

Sonrió de nuevo antes de salir por la puerta.

Nico era un chico amable, amistoso, atento, pero ella quería a Mike y hasta eso se cuestionaba.

Necesitaba salir, huir, irse de allí cuanto antes. Necesitaba irse de Nueva York, recapacitar un tiempo, o eso creía.

Pero entonces, el sonido de su móvil la alertó. Era del hospital, había una emergencia a la que tenía que atender. Muy cerca de allí, un chico se debatía entre la vida y la muerte. De nuevo, la muerte abatía contra ella y tenían que verse las caras.

Recordó aquel día, aquel día en que salvó a Mike. Sacudió la cabeza para quitar de su cabeza esos recuerdos y salió de su casa a toda prisa para atender la emergencia.

La calle estaba hasta arriba de gente andando de un sitio para otro a toda prisa. La ciudad siempre estaba así, desbordada, y entonces echó de menos el aire que recorría en su antigua casa, en su antigua ciudad, con su padre, observando las 
estrellas.

Empezó a correr a toda prisa, tenía la dirección y tenía que llegar lo más rápido posible.

Al llegar a aquella dirección, vio que no necesitaba echar la puerta abajo como cuando tuvo que entrar a por Mike, sino que el muchacho estaba allí, en mitad de la calle, inconsciente en el suelo rodeado de un montón de personas.

-¿Qué le a ocurrido?- preguntó Amy a una mujer que lo observaba.

-No lo sabemos, estaba tan tranquilo aquí con sus amigos y entonces se cayó hacia atrás y sus amigos se largaron corriendo.

Amy se hizo un hueco entre la gente y se inclinó ante el muchacho. Tendría unos veinte años más o menos. Parecía como sí...

-¡Es una sobredosis! ¡Apartaos, necesita respirar!- gritó.

Nunca había imaginado que sería eso, ¡una sobredosis en medio de la calle! ¿Cómo había sido tan estúpido?

El chico sentía convulsiones, los ojos le daban vueltas y tenía la respiración entrecortada y débil, su tez estaba demasiado pálida y sus labios tenían un tono violáceo, casi morado oscuro cosa que no era muy buena.

La gente no se apartaba, cada vez sentía más miedo por ese chico, y la ambulancia no llegaba.

-¡Apartaos, soy médico!- gritó de nuevo y la muchedumbre pareció apartarse un poco.

Supuestamente la ambulancia estaba en camino, pero tenía que hacer algo, por eso la habían llamado.

Le hizo la respiración de boca boca hasta que su respiración se vio menos débil y luego lo colocó de lado, cosa que se debe hacer ante un caso así.

A su lado escuchó un “¡Apartaos!”. Pensó que era la ambulancia, pero no, era Nico. Se colocó a su lado y le susurró.

-No te preocupes, están a unas manzanas.

Amy sintió que se desmayaría ella también, pero de alegría. Nunca la había alegrado tanto Nico.

-No sé si aguantará mucho más- le informó.

Entonces oyó el sonido de la sirena a unos metros y suspiró de alivio.

En menos de un minuto, el chico estaba dentro de la ambulancia y de camino al hospital.

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