miércoles, 31 de octubre de 2012

Capítulo 4, primera parte.~


-Es precioso- dijo con lágrimas en los ojos.

 -Pensé que te gustaría- contestó él.

-Pues has acertado- terminó ella mientras lo miraba a los ojos y seguidamente lo besaba.

Empezaba a refrescar. En aquella parte de Central Park no se veía un alma. No había luces que impidieran ver las estrellas y los dos estaban abrazados.

Bajo sus brazos, Amy empezó a tiritar. Hacía un poco de frío y ella no iba con la ropa apropiada para combatirlo.

-¿Tienes frío?- le preguntó preocupado.

-Un poco, no te preocupes- dijo ella mientras se acercaba más a él.

Mike se giró y cogió algo de su mochila.

-Menos mal que venía preparado- le sonrió.

Cogió la manta, la estirazó y se la echo encima a Amy.

-Esto es perfecto.- Tras un segundo dudando decidió sincerarse.- Mi padre y yo solíamos contemplar las estrellas cada noche. Cerca de nuestra casa había un lugar...

No pudo continuar, tragó saliva y se aguantó lágrimas. Aquellos recuerdos eran demasiado dolorosos.

-No tienes que hacerlo. Hay tiempo- la animó mientras la abrazaba con más fuerza.

-Necesito hacerlo.- Paró un segundo.- Cerca de nuestra casa había un lugar perfecto para divisar las estrellas. Mi padre sabía mucho de eso, me enseño muchísimo.

Se oía la melancolía en su voz, no podía evitarlo.

-Lo querías mucho, ¿no?

-Muchísimo- no pudo aguantar las lágrimas, una de ellas se deslizó por su mejilla al recordar a su padre, aquel hombre de ojos azules y pelo claro, bonachón y un poco regordete por la edad que la crió lo mejor que había podido.

-¿Dónde vivíais?- preguntó Mike a su novia.

-Al norte de Nueva York- una sonrisa fugaz se escapó de sus labios.

-¿Y cuando te mudaste aquí?- se le veía interesado por su vida, su pasado, todo lo referente a ella.

-Cuando tenía dieciocho años me fui de casa- empezó ella-, me había enfadado con mi padre por culpa de un novio que tuve, Marcus, y me convenció de que me fuera con él. Nos vinimos aquí, empecé a estudiar la carrera de medicina, pero todo no fue tan bien como yo pensaba que iba a ser.

Mike la miró asombrado. No sabía nada de la vida de Amy y cuanto más sabía, más lo asombraba.

-Cuando me vine- prosiguió- pensaba que todo sería maravilloso; Marcus y yo viviendo juntos, yo estudiando lo que siempre quise... pero me faltaba mi padre.

-¿Y qué hiciste?- le animó Mike a seguir.

-Quise volver- otra lágrima rozó su mejilla- pero no pude. Marcus no quería que me fuera, me amenazó, me dijo que no sería feliz si no era con él.

La cara de asombro de Mike la ayudó a seguir. Necesitaba contárselo, ser sincera con él.

-Un día le pedí que fuéramos a ver a mi padre y se puso como un loco. Empezó a gritar y a romper cosas, el apartamento quedó destrozado y a mi... a mi me pegó.- Lo miró a los ojos mientras otra de sus lágrimas bajaba por su cara.

-¿Te... te pegó?- tartamudeó.

-Sí.

Su mirada se vio cegada por la ira que recorría todo su ser.

-¿Sabes dónde vive?- preguntó mirando al frente.

Ella calló mientras observaba sus manos inquietas.

-¿Sabes dónde vive?- repitió.

-No te lo he dicho para que vallas a por él y le pidas explicaciones- intentó calmarlo pero no podía, estaba demasiado alterado.

-No debió hacer eso, ¿cómo pudo?

-No lo sé pero no merece la pena, ¿vale?- le acarició y luego lo besó.- Ya eso 
pasó y ahora estamos bien tú y yo aquí observando las estrellas.

Un silencio incómodo los inundó por completo hasta que Amy se giró y lo miró a los ojos.

-¿Mike?

Este que estaba mirando al frente movió la cabeza y la miró. Al ver las lágrimas en sus ojos supo que no quería que se metiera en eso.

-Te quiero- dijo él.

-Yo más.

~ # ~

-Una tostada por favor- pidió amablemente.

La señora se encaminó a la cocina y al poco volvió con la tostada en las manos.

-¿Quieres mantequilla?- preguntó la camarera.

-Por favor.

La camarera sonriente le pasó la mantequilla y le deseó buenos días mientras que él ya empezaba a untar su tostada.

-¿Perdona?- escuchó a sus espaldas un segundo después.- ¿Eres Nico?

-Sí- dijo extrañado y dejando su tostada bañada en mantequilla sobre el plato.- 
¿Y tú eres...?

Aquella chica morena, de ojos pardos y de estatura media sonrió.

-Soy Carol- le tendió la mano para estrechársela.- Encantada.

Nico se quedó boquiabierto. ¿De qué lo conocía esa tal Carol? Él no la había visto en su vida.

-¿Nos conocemos?

Carol sonrió mientras miraba al suelo. A Nico no le parecía una buena señal, pero esperó a que ella se decidiera a hablar.

-Ahora sí. ¿Puedo acompañarte?- dijo señalando a la silla que había al su lado.

-Por supuesto- dijo él antes de llevarse la tostada de nuevo a la boca y darle un gran mordisco.

-Camarera, un café con leche, por favor- pidió Carol.- Y bueno, ¿no me vas a 
preguntar por qué estoy aquí?

La camarera llevó su café y le cobró. Carol se limitó a remover el café y sorberlo.

-¿Por qué estás aquí?- preguntó Nico después de terminarse la deliciosa tostada.

-Porque creo qué tú y yo tenemos algo en común- lo miró recelosa mientras bebía el último sorbo de su café.

-¿Y qué es ese “algo”?

-Que ni tú ni yo queremos que Mike y Amy estén juntos, ¿no?- dijo Carol remarcando cada palabra y dejando a Nico sin aliento.

lunes, 22 de octubre de 2012

Capítulo 3, segunda parte.~

Colgó y dejó el móvil encima de la mesita de noche donde había estado toda la noche hasta hacía unos minutos y se dispuso a abrir la puerta.

Se deslizó hasta la puerta y la abrió cuidadosamente. Encontró una sonrisa detrás de ella y supo que tendría compañía para un buen rato.

-Dios mío, me he enterado, me lo tienes que contar todo, con lujo de detalles. ¿Puedo pasar?- Antes de que pudiera afirmarlo entró y se sentó en el sofá blanco.

-Sí, Anne, puedes entrar- dijo Amy con sorna.- ¿Qué te cuente que?

-Lo que pasó anoche, ¿qué va a ser sino?

-¿Quieres un café?- desvió la conversación ella.

-Sí, pero también quiero saber que pasó.- Estaba decidida a irse de allí con todo los detalles y no había vuelta atrás.

-Vale, no te preocupes. Pareces una cría de quince años, ¿sabes?- Y se echó a reír.

-Pues pareceré pero al menos me intereso por ti- después de decir esto le hizo una mueca de disgusto.

Puso una cápsula de café en su Nespresso y esperó hasta que estuvo hecho, después repitió el proceso y cuando estuvieron los dos cafés se los llevó a la mesa junto a el azúcar y la leche merengada.

Anne, sin una palabra cogió uno de los vasos y se echó leche y azúcar. Bebió un sorbo y miró a Amy que estaba ya con el vaso en la boca.

-¿No le has echado azúcar?- se extrañó Anne.

-Me lo tomo sin nada.

La amiga se extrañó ante sus gustos. ¿Café solo? Jamás lo había pensado.

-A lo que vamos, no me desvíes del tema- se acercó un poco más a ella.- ¿Qué pasó? Suelta.

-Solo cenamos, nos tomemos unas copas y volvimos a casa.- Se llevó el vaso a la boca justo después de decir esas palabras y bebió un sorbo con los ojos cerrados.

-Eso no es cierto, ¿verdad?

Un sonido la interrumpió, un sonido que conocía muy bien. Anne miró a su amiga con malas intenciones. A veces podía ser demasiado cotilla. 

-Ni se te ocurra- dijo la anfitriona mientras se levantaba despacio con “Call me maybe” de fondo, pero su amiga ya tenía una estrategia.

Salió a correr hasta su habitación y cogió el móvil con una habilidad increíble. Miró la pantalla táctil y vio un nombre, su nombre.

-Dios mío, ¿ya te está llamando por la mañana? Eso es algo, cielo- la picó Anne.

-Cállate ya y suelta mi móvil.- Se lo quitó de las manos, suspiró y lo cogió.- ¿Mike?

-Perdón por molestar, pero se me acaba de ocurrir una idea genial- se le oía ilusionado y eso le encantaba.- ¿Estás sola?

-No hijo, no. Tengo a señorita cotilla- bromeó.- ¿Qué se te a ocurrido?

-¿Señorita cotilla, quién es esa?

-Es Anne, la enfermera, ¿recuerdas?

Anne se estaba partiendo de risa. No podía creer lo que estaba escuchando.

-Ah, ya me acuerdo, salúdala de mi parte- rió un poco y siguió.- Se me ha ocurrido un lugar para ir esta noche, pero es una sorpresa.

-Mañana tengo que trabajar, no será como anoche ¿no?- frunció el ceño al ver el semblante de Anne.

-No, ni parecido. No llegarás muy tarde a casa, tranquila. ¿Te parece bien entonces?

-Vale, pero también tenemos que hablar de una cosa. Yo no puedo darme más juergas como la de anoche, ¡no tengo dieciséis años!- bromeó pero era cierto que tenía que comentárselo.

-Bien, hablaremos de eso más tarde. Te recojo a las siete en tu casa- estaba más que contento, fascinado.- Un segundo, si ayer estuviste de guardia, ¿cómo que tienes que trabajar mañana?

-Solo es por la mañana, de siete a dos, pero tengo que madrugar- al decir estas palabras recordó que solo veinticuatro horas antes Mike estaba ingresado. Dio gracias a Dios por que solo había sido un ataque.- Nos vemos a las siete.

Colgó el móvil rápidamente sin despedirse si quiera, no le apetecía que Anne bromeara con eso.

 -¡Pero que sosa!- exclamó.- ¡Ni siquiera te has despedido!

-Mira Anne, ya sabes que salgo con Mike, no bromees con esto por favor- le suplicó.

-Está bien, ¿qué te parece si vamos de compras? Tienes que ir guapa a tu cita- intentó sonar lo más seria posible.

-Está bien, pero no te pongas pesada, ¿eh?- sonrió.

~ # ~

Se había levantado hacía bastante rato, la cama estaba desecha y el móvil estaba cerca, muy cerca.

Una idea le recomía la cabeza. “¿Debo hacerlo?”. Se decía que si pero, ¿realmente quería? Ni ella misma lo sabía.

Tras unos momentos pensando que estaría bien, decidió hacerlo, aunque no era lo mejor que podía hacer.

Sentía demasiadas cosas; rabia, celos, nervios y sobre todo y aunque intentaba evitarlo a toda costa amor. Aunque no quisiera admitirlo lo seguía queriendo, pero había cometido un error que no podía solucionar fácilmente.

Se llevó el móvil al oído y oyó el primer pitido y el segundo. Empezaba a inquietarse cuando se oyó al otro lado:

-¿Si?

-Hola- dijo tímidamente.

Tras un silencio que casi se le hizo eterno la voz de Mike resonó seca y dura.

-No me llames más.

-Mike, solo quería...

-Déjalo vale- la cortó- no voy a hablar más contigo, te he olvidado ya. ¿Te queda claro?

-Pero...

-¡No hay pero que valga!- chilló él.- Lo nuestro se acabó, entiéndelo de una vez. Estoy rehaciendo mi vida y espero que al menos eso lo respetes.

-Pero si solo hace...

-¿Seis meses? ¿Te parece poco? Seis meses sin saber nada de ti y ahora vienes cuando he encontrado a alguien.- Estaba realmente disgustado, se le notaba en el tono de voz.

No le dio tiempo a replicar, ya había colgado.

Mientras la ira subía por sus venas y el móvil caía al suelo se maldijo a sí misma y a la persona que Mike había encontrado.

~ # ~

-Que calor- susurró mientras se encajaba el vestido.- No puedo llevar esto, es demasiado elegante.

-No seas tonta- la interrumpió su amiga- debes ir lo mejor posible.

Amy miraba con cara de desconsolación a Anne. Ese vestido de palabra de honor rojo y esos tacones de quince centímetros no eran apropiados. Mike había dicho que no iban a ir a ningún lugar en especial. ¿Para que llevar esa ropa?

-Mira Anne- dijo mientras se quitaba el vestido-, me voy a poner una camiseta y unos pantalones cortos vaqueros y me da igual lo que digas.

-¿Y para qué te compras el vestido?- Anne tenía la boca abierta.

-Para otra ocasión, quizás.- Tras recapacitar soltó.- Mejor, quédatelo tú.

Anne sonrió y la abrazó. Aún en ropa interior Amy le devolvió el abrazo.

-Muchas gracias, me encanta el vestido, sinceramente.

Después de reír como locas, Amy si puso una camiseta de manga corta de color amarillo y unos pantalones vaqueros cortos. Terminó unas zapatillas deportivas blancas.

-Estás perfecta- apuntó su amiga desde la puerta de la habitación mientras Amy se miraba al espejo dudosa.

-¿Tú crees?

-No lo creo, lo veo.

Los ojos de ambas se encontraron en el espejo. Amy miró hacia atrás y le sonrió.

-Eres un cielo, ¿lo sabías?

-¿Ahora te das cuenta?- bromeó.

Unos momentos después Amy cogía su bolso, abarrotado de cosas como de costumbre y salía de el apartamento acompañada de Anne. Las dos amigas se separaron poco después, cuando Amy divisó a Mike a lo lejos.

-No quiero ser un estorbo, me marcho ya.- Le dio dos besos a su amiga y se despidió con la mano mientras se alejaba.

-Adiós Anne, muchas gracias.

Mike se acercaba poco a poco mientras que Amy se preguntaba como podía vestir tan bien. Llevaba unos pantalones azules oscuros y una camiseta blanca con un logotipo de “Chupa-chups” en amarillo.

Él al verla a ella pensó lo mismo, sus piernas delgadas y largas al descubierto llamaron su atención. No se había fijado antes. Su larga cabellera rubia le caía en forma de cascada por la espalda y sus labios rosados resaltaban con su piel.

La quería, la quería muchísimo e iba a hacer hasta lo imposible para que nada ni nadie se interpusiera entre ellos.

Capítulo 3, primera parte.~

No podía creer que dos días antes había pensado en suicidarse y en ese momento estuviera besando a Mike, aquel chico que la salvó hacía también un par de días.

¿Cómo podía estar tan feliz? Apenas lo conocía, pero eso le daba igual a él, que aun acariciaba su cuello y besaba sus labios.
Sus labios tenían un sabor dulce, era increíble lo que sentía con tan solo un beso pero, ¿sentiría él lo mismo?

Él no sentía lo mismo, sentía más incluso. En tan solo dos días se había enamorado perdidamente de ella y no tenía palabras para explicarlo.
Cuando se separó un poco de ella le acarició los labios con los dedos de la mano que tan solo un momento antes habían estado en su suave cuello.

No hablaron en un rato, simplemente se quedaron allí, a dos metros de la cafetería mirándose, acariciándose.

 -¿Cómo has podido cambiar tanto mi vida en tan solo dos días?- le susurró ella al oído.

-Eso mismo me pregunto yo.- Le cogió un mechón de pelo rubio que tenía en la cara y se lo colocó detrás de la oreja.

-Hace tan solo dos días pensaba en suicidarme y ahora...- Mike la interrumpió.

-¿Suicidarte? ¿Estás loca?- La agarró por los hombros y la miró a los ojos.- No vuelvas a pensar eso nunca, ¿está claro?

Sin darse ni siquiera cuenta ya estaba asintiendo. Sus ojos verdes se clavaron en los de ella y después la abrazó.

-Si a ti te pasará algo yo me moriría, ¿entiendes?
Ella no respondió, mientras él la apretaba contra sí ella se resguardaba en su pecho y una única lágrima de alegría rozó su mejilla.

-¿Entramos?- dijo él mientras la separaba de su cuerpo y le acariciaba la mejilla y le secaba la lágrima.

Asintió y lo cogió de la mano mientras andaban directos al local que había frente a ellos, pero algo los detuvo. Mejor dicho, alguien.

-Hola Amy- dijo con ironía.- Estás aquí con tu amigo, ¿no?

-Hola Nico, no te había visto. ¿Qué tal?- intentó disimular, pero era evidente que los había visto.

-Genial, os he visto ya antes que estabais muy bien, me alegro- dijo irónico.

-Vamos a ver, ¿nos tenemos que esconder?- intervino Mike.- Nos hemos besado, ¿algún problema? Parece que nos sigues, siempre apareces en el mejor momento, ¿cómo lo haces? Me estás empezando a fastidiar.

-Mike, no hace falta ser grosero.- Amy entrelazó su mano con la de él, cosa que lo calmó un poco.- Nico, me alegro de verte pero nos tenemos que ir.

-Yo también me tengo que ir, adiós.- Se alejó de allí en menos de veinte segundos sin decir palabra.

-Enserio, ¿cómo se las apaña?- dijo Mike mientras entraban en la cafetería.

-No lo sé pero debemos evitar follones, en tan solo dos días ya nos a descubierto dos veces.- Empezó a reír, una risa preciosa para los oídos de Mike.

-Bueno, tomemos ese helado, nos hemos demorado mucho.- Y se sentaron en una mesa esta vez fuera del local mientras lo decía.

~ # ~

Empezaba a anochecer, lo que les decía que era tarde. La luna había salido hacía ya un buen rato y los observaba desde el alto cielo.

Los tacones de ella sonaban apagados. Estaba demasiado cansada para eso pero, ¿cómo decirle que no?

-¿En serio vamos a entrar ahí?- preguntó con los ojos desorbitados por la sorpresa.

-Claro, ¿si no por que te iba a traer? Ya verás como te gusta.- Le tomó la mano con más fuerza y la hizo andar más rápido.

-¡Para, no corras! Acabamos de comer, nos va a subir la comida a la garganta.- Paró en seco mientras respiraba todo lo fuerte que podía.

-Venga, no seas quejica que seguro que te encanta.- Se acercó a ella y la agarró por la cintura.- Venga, por mi.

¿Cómo decir que no a semejante mirada, a semejante sonrisa, a semejante beso que después de sus palabras le dio? Todo lo que hiciera sería en vano, al final él decidiría porque esa noche era perfecta y él la estaba haciendo perfecta.

Le hizo caso siguiéndolo por la oscura calle que acababa en aquel lugar. Aquel sitio que ha simple vista parecía un bar cutre y desarmado, pero solo a primera vista.

Cuando cruzaron la puerta de aquel antro que para ojos de Amy no era más que un bar de poca monta, sus ojos se abrieron de par en par.

Estaban en una discoteca grande y luminosa. Tenía una pista de baile lo suficientemente grande como para cien personas y un barra interminable con muchos camareros atendiéndola. Los focos eran de colores y se movían en todas direcciones. La música estaba alta, era una canción movida pero con buen ritmo y bastante pegadiza. Más de ciento cincuenta personas se encontraban allí, bailando, bebiendo.

-Madre mía, esto es increíble- soltó ella mientras observaba todo a su alrededor.

-Te lo dije.- Le sonrío en la penumbra con sus dientes blancos.- Vamos a tomar algo.

Se acercaron a la barra y se hicieron un hueco entre la gente que no paraba de bailar incluso en la barra.

-¿Qué quieres beber?- le preguntó Mike mientras llamaba a un camarero con la mano.

-Un mojito.- Mike se sorprendió al oírlo pero, ¿por qué no? Era una noche especial y aunque ella no solía beber el mojito le gustaba.

-¡Camarero!- tuvo que gritar.- ¡Dos mojitos por favor!

Unos minutos después un camarero alto y fuerte les puso las bebidas encima de la barra. Las agarraron y brindaron.

-Por nosotros- susurró él.

-Por nosotros- repitió ella antes de besarlo y acto seguido beber de su vaso.

~ # ~

El sol despuntaba el cielo mientras los primeros rayos se asomaban entre las cortinas rosadas. Parecía que jugaran con ellas.

La cama estaba desecha y su cuerpo dormido reposaba entre las sábanas blancas que se pegaban a su piel sudada.

Cuando los rayos de sol se cernieron sobre ella sus ojos aun pegados por las pocas horas de sueño parpadearon, pero volvieron a cerrarse rápidamente.
 
No había descansado nada en el poco rato que había dormido. A altas horas de la madrugada había llegado a su casa después de una noche de juerga absoluta.

Ya se había despertado aunque aun estaba un poco confundida. Su primer pensamiento de la mañana fue él, Mike. Se maldijo a sí misma por pensar en él, pero no podía hacer otra cosa, ese chico que había conocido tres días antes le había robado el corazón por completo.

Se dio la vuelta en la cama, al lado que estaba fresco e intentó seguir durmiendo, en vano.

“Call me maybe” sonó en su teléfono cuando estaba a punto de volver a conciliar el sueño, cuando dejó de pensar en él y en su noche loca.

“Maldita sea”, pensó para sus adentros y agarró el móvil que la había espabilado. Al ver el nombre se quedó sin habla.

Deslizó su fino dedo por la pantalla táctil y se lo llevó al oído mientras seguía tumbada en la cama.

-¿Si?- preguntó.

-¿Te he despertado?- preguntaron al otro lado del teléfono.

-No, solo estaba descansando- bromeó ella.- ¿Ocurre algo?

-No, la verdad, solo te quería dar los buenos día.

¿Cómo podía ser tan tierno? Solo había salido un día con él y ya le estaba dando los buenos días.

-Pues, ya puedes hacerlo- estaba en un estado intermedio entre inquieta y sorprendida.

-Buenos días, princesa mía- susurró.

-¿Cómo puedes ser tan perfecto?- preguntó ella emocionada.

-Solo intento llegar a tu altura.

-Y sigues siendo tremendamente dulce, deja de hacerlo, que me enamoro- le pidió mientras se mordía el labio inferior.

-Pensaba que ya estabas enamorada- dijo e hizo una pequeña pausa- de mi.

Amy sintió mil sensaciones que no recordaba haber sentido nunca. Por un lado se sentía feliz de estar con aquel chico, por otro miedo a no ser lo suficiente buena para él y por otro lado se sentía extraña.

-Bueno, puede ser- bromeó.- Gracias.

-¿Gracias? ¿Por qué?- preguntó extrañado.

-Por enamorarme- y soltó una risa nerviosa.

-Eso debería decirlo yo.

Unos golpes en la puerta interrumpieron la bonita y también bastante empalagosa conversación.

-No estarás en mi puerta, ¿no?- preguntó ella con el ceño fruncido.

-No, yo estoy en mi casa.

-He de irme, me reclaman- se despidió con mucho pesar.- Te quiero.

-Te quiero.

De sus labios cualquier palabra sonaba bien pero un “te quiero” era algo que no se podía describir. Sentía que había vuelto a nacer gracias a Mike, había vuelto a ser feliz.

domingo, 14 de octubre de 2012

Capítulo 2, segunda parte.~


-¿Si?- Preguntó al descolgar el auricular de el teléfono fijo de color rojo que había encima de la mesita.

-¿Mike? Soy yo, Amy- sonó al otro lado del teléfono.

 Mike sonrió y se alegró de que lo llamara, era lo que llevaba queriendo desde que le dio su número de teléfono.

-Menos mal que me has pillado en casa- bromeó mientras bebía un sorbo a un vaso de agua.- ¿Cómo es que te has dignado a llamar?

 -Pues porque he decidido tomarme ese café contigo, si aun está en pie la idea, claro- dijo después de un breve silencio.

-Es la mejor noticia que me han dado en días- exageró.- ¿Dónde y cuándo?

-Exageras, seguro. Cuando quieras, ¿esta tarde?

-A las ocho puedo, ¿te viene bien?- Estaba entusiasmado, nunca lo había estado tanto, y tampoco había estado detrás de una chica con tanta insistencia. Ninguna excepto ella, aquella que le destrozó la vida en tan solo unas horas.

-Perfecto, hasta entonces -dijo alegre ella.

Colgó sin decir más nada, tras recordar a aquella mujer no tenía ganas de nada, solo de sentarse en el sofá, coger un helado bien grande y comerlo mientras se sentía mal.

-No, no voy a sentirme mal por ella más, voy a vivir la vida y lo voy a intentar con Amy.

Se levantó de golpe y salió como un huracán de su vivienda. Ya en la calle se encontró con un paisaje precioso.

El calor en esa etapa del año aun era sofocante y molesto. Su calle estaba hasta arriba de gente que paseaba y aunque pareciera extraño no había coches circulando y sus molestos ruidos se habían ido con ellos. Era el día perfecto para salir a correr un rato, y eso hizo.

Correr era lo que mejor sabía hacer. Le llenaba por completo y se sentía bien haciéndolo, además, así conoció a Amy. Si no hubiera estado corriendo ese día no la hubiera podido salvar, ni conocer.

-Amy, ¿por qué serás tan perfecta?- susurró mientras seguía corriendo, como si le fuera la vida en ello.

~ # ~

Ya eran las ocho de la tarde y estaba ilusionada, muy ilusionada. La verdad es que le gustaba mucho Mike, era guapo, simpático y tenía un corazón que no le cabía en el pecho.

Antes de salir de su casa se miró al espejo por décima vez, estaba perfecta. 

Llevaba un precioso vestido por encima de la rodilla de color rosa con descote en forma de corazón y unos tacones negros en forma de romanas. El bolso, negro también, estaba hasta arriba de cosas, como solía llevarlo siempre.

Salió a la calle y se sorprendió al verlo. Era él y estaba tremendamente guapo con sus pantalones vaqueros y su camiseta azul clara de “DC”.

La saludó desde lejos mientras se acercaba con su andar ligeramente retrepado.
Amy sentía que se derretía, era perfecto. Su corazón empezó a latir con más fuerza, lo sentía en la sien, y cuando ya estaba a dos pasos de él creía que se le saldría el corazón del pecho.

-Hola, preciosa.- “¿Ha dicho preciosa? Dios mío, lo que me faltaba”, pensó Amy mientras Mike le sonreía.

-Hola. Muchas gracias, tú también estás muy guapo.- Después de un breve silencio añadió- Por cierto, ¿se puede saber a dónde vamos?

-Había pensado en ir a tomar un helado y después a cenar. ¿Qué te parece?

-Perfecto.- Le tendió la mano mientras lo decía y él se la recogió antes de que se diera cuenta.

“Además atento, es imposible que me pueda sorprender más”, pensaba, pero Mike tenía muchas más sorpresas para ella que pronto descubriría.

Mientras caminaban por la acera grisácea pensando el uno en el otro, el tiempo pasaba. Al llegar a la cafetería Amy miró a Mike con la boca abierta.

-Es el Starbucks donde nos tomamos aquel café, si se le puede llamar.- Mike asintió mientras sonreía, esa sonrisa arrebatadora que deslumbraba.- ¿Siempre eres así de atento?

-Si es para hacerte sonreír, así y más si hace falta.

Sintió como su sangre subía hasta sus mejillas y se sonrojaba. Miró al suelo para que no lo notara, pero era tarde.

-Por cierto, está mañana… ¿qué estuvo a punto de suceder? No me acuerdo, ¿me puedes refrescar la memoria?- No sabía porqué, pero que bromeara con ese tipo de cosas le encantaba, quizás porque esa sonrisa pícara que soltaba era 
irresistible.

Se acercó a ella mientras la gente fluía a su alrededor. Estaban en medio de la calle donde todo el mundo podía verlos, pero les daba igual. Estaban tan cerca que sentían uno la respiración y el pulso del corazón del otro, que en caso de Amy, este último era de ciento sesenta por minuto.

-¿Me vas a ayudar entonces?- le susurró al oído él.

-Si no te acuerdas muy importante no sería, ¿no?- Olió su perfume “Playboy”, muy apropiado para él.

-Muy graciosa.- Río un poco, pero lo justo para hacer de aquella escena un momento precioso para recordar.

Se acercó a ella, poco a poco, frente a frente. Cuando ya tenían las frentes pegadas agarró su cuello con delicadeza y dulzura y la besó, la besó como nunca antes había besado a nadie.

Una mezcla extraña y que nunca había sentido recorrió su cuerpo, cada curva, cada centímetro de su piel y entonces pensó: “¿Será él esa persona especial?”

martes, 9 de octubre de 2012

Capítulo 2, primera parte.~


Abrió la puerta con cierto miedo, pero se le esfumó de repente. Sus músculos ya no estaban tensos y suspiró de alivio.

-Anne, eres tú. Me habías asustado.

-¿Tan fea soy?- bromeó.

-No es eso, mujer. Pasa.- Le tendió la mano en señal de invitación, y ella pasó.
Se quedó asombrada ante tanta belleza. El apartamento era precioso y le encantaba el estilo.

-Es … precioso. Nunca he visto nada igual.- Paseó sus dedos por el sofá blanco que momentos antes había ocupado Amy.

-Gracias, es muy de mi estilo.- Amy sonrió, cosa que no había echo desde que habló con Mike y eso Anne lo notó.- ¿Quieres algo de tomar?

-Por favor, si tienes una coca-cola te estaría agradecida toda mi vida.- Rieron las dos, pero Anne no lo decía de broma. Llevaba todo el día trabajando, y a las cinco de la tarde en el mes de agosto, cuando más calor hacía, le apetecía algo fresco.

-Vas a estar de suerte.- Cogió dos vasos de la cocina y una coca-cola de dos litros y los puso en la mesa, después, llenó los dos vasos hasta el borde.- ¿Algo de picar?

-No, gracias.- Se llevó el vaso a la boca, y casi se atragantó de las ganas con las que bebió. - No te voy a mentir, he venido porque te veo mal últimamente y no quiero que estés así. Si necesitas contarle algo a alguien aquí estoy yo, ¿vale?

Esas palabras le llegaron hasta lo más hondo de su corazón. Nunca había tenido amigas de verdad, de las que son para siempre y de las que te escuchan cuando estás mal y lloran a tu lado, pero Anne era diferente. Amy era la típica persona que da su confianza al cien por cien, pero siempre no salía bien y ella era experta en eso, pero Anne tenía algo que le decía que podía confiar en ella.

-Muchas gracias, Anne. Eres genial, en serio.- La abrazó con ganas y una lágrima de alegría rozó su mejilla. Por fin podía confiar en alguien, o eso pensaba.- Ahora que lo dices, si que te tengo que contar algo.

-Soy toda oídos.- Le sonrío mientras Amy tragaba saliva.

-¿Por donde empiezo?- Dudó un poco antes de continuar.- Cuando murió ese paciente ayer, fui directa a la carretera, porque me sentía mal, mi madre, mi padre, ese paciente... todo el mundo a mi alrededor muere.- Anne puso cara de sorpresa pero no la interrumpió.- Entonces quise arrojarme a la carretera, y lo hice, pero antes de que pudieran atropellarme Mike me salvó.

-No me lo puedo creer. ¿Estás loca? ¿Cómo pudiste intentar suicidarte? La vida es lo más bonito que hay, no puedes despreciarla así, sin más.- Volvieron a abrazarse, está vez Anne quería consolarla y hacerle sentir que todo lo malo era pasajero.

-Enserio, gracias- dijo con lágrimas en los ojos.- Eres una buena amiga.

~ # ~

-¿Señor Stalh?- Mike miró hacia la puerta, que se habría ante sus ojos. Al ver quien era sonrió.

-¿Señorita Lauther?- Río de verdadera felicidad, pero tosió un poco después por el asma.

-¿Te encuentras bien?- Se acercó rápidamente a la camilla.

-Ahora sí.- La miró a los ojos y se estremeció. ¿Cómo podía tener unos ojos tan preciosos?

Ella se apartó lo más rápido que pudo, cosa que entristeció a Mike. Estaba más seria y distante que antes. Caminaba de un lado al otro de la habitación, agitada.

-Había pensado en darte de alta. Ya estás mejor, creo que solo ha sido un momento de nerviosismo. ¿Qué opinas?

-Pues … yo opinó que si aceptas el café que al final no nos tomamos, me gustaría que me dieras el alta, sí, pero si no, no sé.- Le sonrió dulcemente y ella lo miró extrañada.

-¿Me estás pidiendo que vaya contigo a tomar café? Y sino, te quedas aquí, de lapa.- Se giró, dándole la espalda.

-Sí, algo así.

-De momento te daré el alta, lo de el café me lo pensaré.- Sintió como sus ojos verdes se le clavaban en la nuca.- Tendrás noticias de mi, Mike.

Salió de la habitación con un paso firme. Los ojos de Mike la miraron de arriba a abajo y de abajo a arriba. Era la perfección en persona y él tenía una oportunidad que iba a aprovechar.

~ # ~

-¡Amy!- La llamaron a sus espaldas. Al darse la vuelta se estremeció. Alto, piel y pelo claros y ojos oscuros.

-Hola, Nico. ¿Qué tal?- Sonrió forzadamente, por no ser maleducada.

-Genial. ¿Y tú?

-Bueno, no estoy tan mal.- Amy se echó a andar y Nico detrás.

-Me han dicho que esta mañana te has ido a casa y no has vuelto hasta ahora, ¿qué te ocurrió?- Se le veía interesado, pero más que en lo que le había pasado en ella misma y lo sabía.

-Un mareo, nada más.- Agachó la cabeza hacia el pisapapeles que tenía entre las manos. “Michael Stalh” leyó, “Asmático”.- Tengo que ir a atender a un paciente, Nico. Me alegra haberte visto.

-Espera Amy. Me preguntaba si querrías venir conmigo a tomar algo, si quieres, claro.- Era tímido y le costaba preguntar cosas así.

-No sé, Nico.- Se tocó el cuello con la mano derecha, nerviosa.- Me lo pienso y te digo, ¿vale?

-Perfecto.- Se alejó de su lado rápidamente y ella se desvió a una habitación cercana, donde tenía que atender a una mujer con un desvío de columna.
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Andaba por el largo pasillo despacio, observando todo lo que lo rodeaba. El calor era sofocante y asfixiante, cosa que no le gustaba en absoluto.

Antes de darse cuenta se había chocado con alguien.

-Lo siento, iba despistado- se disculpó.

-No importa, yo también iba igual.- La reconoció al instante. ¿Cómo podía encontrársela siempre, a todas horas?

-Mira que bien, he tenido noticias de ti antes de lo que esperaba.- Ella bajó la mirada, avergonzada.- ¿Te has pensado lo de el café?

Su mente estaba hasta arriba, tenía que pensarse muchas cosas; el café de Mike, el de Nico, que hacer con el papel arrugado que tenía encima de la mesa y todo esto sumado al estrés del trabajo.

-No, Mike, no me he pensado lo de el café. He estado muy liada.

-Solo ha pasado una hora, tranquila, no hay prisa.- Le sonrió tiernamente.- Toma mi número.

Cogió un trozo de papel de recepción y un bolígrafo, y apuntó su número de teléfono. Se lo tendió para que lo cogiera, y cuando lo hizo se acercó a ella. Esta vez no pudo retroceder, sus ojos la engatusaron y no pudo apartarse.

-Hola Amy.

“Mierda” pensaron los dos a la vez. Una parte de Amy se alegró, no conocía las intenciones de Mike, pero se hacía una idea. Sí, quería besarle, pero no ahí ni en ese preciso momento, primero porque sus ánimos eran muy bajos, segundo porque estaba en el trabajo y tercero porque Nico estaba allí, mirándolos.

-Hola Nico, te presento a Mike.

-Encantado, soy Nico.- Se estrecharon la mano, aunque Mike no se separaba de Amy. Se notaba la tensión entre ellos.

-Yo Mike, el …- Nico lo interrumpió.

-¿Novio?- Le lanzó una mirada asesina mientras Amy lo miraba extrañada.

“Ojalá” pensó Mike mientras miraba a Amy y se mordía el labio inferior.

-¡No!- Intervino Amy.- Solo es un amigo.

-Bueno, encantado. He de irme.- Arqueó los labios en forma de sonrisa, 
intentando disimular la rabia que le corría por las venas y se alejó.

-Ha estado a punto de pillarnos- bromeó Mike cuando Nico ya no los escuchaba.

-¿De pillarnos? Claro que sí- dijo irónica. Se alejó de él todo lo rápido que pudo, pero sabía que no se iba a rendir.

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-Venga ya, no me dirás que no te gusta, ¿verdad?- decía Anne mientras caminaba pegada a ella.- Es muy guapo y se nota que tú también le gustas.

-Anne,- la miró con recelo- él no quiere nada conmigo.
Anne la miró perpleja. “Sí que quiere algo con ella, está claro”, pensaba. Ella era guapa, tenía una figura perfecta y un corazón de oro, ¿cómo no le iba a gustar?

Amy paró en recepción para recoger unos papeles y de paso tener un tiempo de reflexión sobre lo que su amiga le decía. Echó a andar de nuevo mientras revisaba los documentos.

-¿Sabes dónde vive, su nombre, su número de teléfono?

Esas tres últimas palabras la estremecieron. La nota que tenía en el bolsillo parecía que la quemara, necesitaba sacarla y decírselo todo a Anne.

-Sí, tengo su número de teléfono- comenzó.- Me pidió que fuera con él a tomar café, nada más.

-¿Y no lo piensas llamar?- Tenía la boca abierta de sorpresa.- Si no lo llamas tú me das el número que voy yo con él.

-Vale, lo llamaré, pero no te pongas pesada.- Empezaron a reír las dos y siguieron con su camino.