domingo, 14 de octubre de 2012

Capítulo 2, segunda parte.~


-¿Si?- Preguntó al descolgar el auricular de el teléfono fijo de color rojo que había encima de la mesita.

-¿Mike? Soy yo, Amy- sonó al otro lado del teléfono.

 Mike sonrió y se alegró de que lo llamara, era lo que llevaba queriendo desde que le dio su número de teléfono.

-Menos mal que me has pillado en casa- bromeó mientras bebía un sorbo a un vaso de agua.- ¿Cómo es que te has dignado a llamar?

 -Pues porque he decidido tomarme ese café contigo, si aun está en pie la idea, claro- dijo después de un breve silencio.

-Es la mejor noticia que me han dado en días- exageró.- ¿Dónde y cuándo?

-Exageras, seguro. Cuando quieras, ¿esta tarde?

-A las ocho puedo, ¿te viene bien?- Estaba entusiasmado, nunca lo había estado tanto, y tampoco había estado detrás de una chica con tanta insistencia. Ninguna excepto ella, aquella que le destrozó la vida en tan solo unas horas.

-Perfecto, hasta entonces -dijo alegre ella.

Colgó sin decir más nada, tras recordar a aquella mujer no tenía ganas de nada, solo de sentarse en el sofá, coger un helado bien grande y comerlo mientras se sentía mal.

-No, no voy a sentirme mal por ella más, voy a vivir la vida y lo voy a intentar con Amy.

Se levantó de golpe y salió como un huracán de su vivienda. Ya en la calle se encontró con un paisaje precioso.

El calor en esa etapa del año aun era sofocante y molesto. Su calle estaba hasta arriba de gente que paseaba y aunque pareciera extraño no había coches circulando y sus molestos ruidos se habían ido con ellos. Era el día perfecto para salir a correr un rato, y eso hizo.

Correr era lo que mejor sabía hacer. Le llenaba por completo y se sentía bien haciéndolo, además, así conoció a Amy. Si no hubiera estado corriendo ese día no la hubiera podido salvar, ni conocer.

-Amy, ¿por qué serás tan perfecta?- susurró mientras seguía corriendo, como si le fuera la vida en ello.

~ # ~

Ya eran las ocho de la tarde y estaba ilusionada, muy ilusionada. La verdad es que le gustaba mucho Mike, era guapo, simpático y tenía un corazón que no le cabía en el pecho.

Antes de salir de su casa se miró al espejo por décima vez, estaba perfecta. 

Llevaba un precioso vestido por encima de la rodilla de color rosa con descote en forma de corazón y unos tacones negros en forma de romanas. El bolso, negro también, estaba hasta arriba de cosas, como solía llevarlo siempre.

Salió a la calle y se sorprendió al verlo. Era él y estaba tremendamente guapo con sus pantalones vaqueros y su camiseta azul clara de “DC”.

La saludó desde lejos mientras se acercaba con su andar ligeramente retrepado.
Amy sentía que se derretía, era perfecto. Su corazón empezó a latir con más fuerza, lo sentía en la sien, y cuando ya estaba a dos pasos de él creía que se le saldría el corazón del pecho.

-Hola, preciosa.- “¿Ha dicho preciosa? Dios mío, lo que me faltaba”, pensó Amy mientras Mike le sonreía.

-Hola. Muchas gracias, tú también estás muy guapo.- Después de un breve silencio añadió- Por cierto, ¿se puede saber a dónde vamos?

-Había pensado en ir a tomar un helado y después a cenar. ¿Qué te parece?

-Perfecto.- Le tendió la mano mientras lo decía y él se la recogió antes de que se diera cuenta.

“Además atento, es imposible que me pueda sorprender más”, pensaba, pero Mike tenía muchas más sorpresas para ella que pronto descubriría.

Mientras caminaban por la acera grisácea pensando el uno en el otro, el tiempo pasaba. Al llegar a la cafetería Amy miró a Mike con la boca abierta.

-Es el Starbucks donde nos tomamos aquel café, si se le puede llamar.- Mike asintió mientras sonreía, esa sonrisa arrebatadora que deslumbraba.- ¿Siempre eres así de atento?

-Si es para hacerte sonreír, así y más si hace falta.

Sintió como su sangre subía hasta sus mejillas y se sonrojaba. Miró al suelo para que no lo notara, pero era tarde.

-Por cierto, está mañana… ¿qué estuvo a punto de suceder? No me acuerdo, ¿me puedes refrescar la memoria?- No sabía porqué, pero que bromeara con ese tipo de cosas le encantaba, quizás porque esa sonrisa pícara que soltaba era 
irresistible.

Se acercó a ella mientras la gente fluía a su alrededor. Estaban en medio de la calle donde todo el mundo podía verlos, pero les daba igual. Estaban tan cerca que sentían uno la respiración y el pulso del corazón del otro, que en caso de Amy, este último era de ciento sesenta por minuto.

-¿Me vas a ayudar entonces?- le susurró al oído él.

-Si no te acuerdas muy importante no sería, ¿no?- Olió su perfume “Playboy”, muy apropiado para él.

-Muy graciosa.- Río un poco, pero lo justo para hacer de aquella escena un momento precioso para recordar.

Se acercó a ella, poco a poco, frente a frente. Cuando ya tenían las frentes pegadas agarró su cuello con delicadeza y dulzura y la besó, la besó como nunca antes había besado a nadie.

Una mezcla extraña y que nunca había sentido recorrió su cuerpo, cada curva, cada centímetro de su piel y entonces pensó: “¿Será él esa persona especial?”

2 comentarios:

  1. ME encanta, quiero el siguiente! Te afilio!
    macherieladyartiste.blogspot.com

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