Abrió
la puerta con cierto miedo, pero se le esfumó de repente. Sus
músculos ya no estaban tensos y suspiró de alivio.
-Anne,
eres tú. Me habías asustado.
-¿Tan
fea soy?- bromeó.
-No
es eso, mujer. Pasa.- Le tendió la mano en señal de invitación, y
ella pasó.
Se
quedó asombrada ante tanta belleza. El apartamento era precioso y le
encantaba el estilo.
-Es
… precioso. Nunca he visto nada igual.- Paseó sus dedos por el
sofá blanco que momentos antes había ocupado Amy.
-Gracias,
es muy de mi estilo.- Amy sonrió, cosa que no había echo desde que
habló con Mike y eso Anne lo notó.- ¿Quieres algo de tomar?
-Por
favor, si tienes una coca-cola te estaría agradecida toda mi vida.-
Rieron las dos, pero Anne no lo decía de broma. Llevaba todo el día
trabajando, y a las cinco de la tarde en el mes de agosto, cuando más
calor hacía, le apetecía algo fresco.
-Vas
a estar de suerte.- Cogió dos vasos de la cocina y una coca-cola de
dos litros y los puso en la mesa, después, llenó los dos vasos
hasta el borde.- ¿Algo de picar?
-No,
gracias.- Se llevó el vaso a la boca, y casi se atragantó de las
ganas con las que bebió. - No te voy a mentir, he venido porque te
veo mal últimamente y no quiero que estés así. Si necesitas
contarle algo a alguien aquí estoy yo, ¿vale?
Esas
palabras le llegaron hasta lo más hondo de su corazón. Nunca había
tenido amigas de verdad, de las que son para siempre y de las que te
escuchan cuando estás mal y lloran a tu lado, pero Anne era
diferente. Amy era la típica persona que da su confianza al cien por
cien, pero siempre no salía bien y ella era experta en eso, pero
Anne tenía algo que le decía que podía confiar en ella.
-Muchas
gracias, Anne. Eres genial, en serio.- La abrazó con ganas y una
lágrima de alegría rozó su mejilla. Por fin podía confiar en
alguien, o eso pensaba.- Ahora que lo dices, si que te tengo que
contar algo.
-Soy
toda oídos.- Le sonrío mientras Amy tragaba saliva.
-¿Por
donde empiezo?- Dudó un poco antes de continuar.- Cuando murió ese
paciente ayer, fui directa a la carretera, porque me sentía mal, mi
madre, mi padre, ese paciente... todo el mundo a mi alrededor muere.-
Anne puso cara de sorpresa pero no la interrumpió.- Entonces quise
arrojarme a la carretera, y lo hice, pero antes de que pudieran
atropellarme Mike me salvó.
-No
me lo puedo creer. ¿Estás loca? ¿Cómo pudiste intentar
suicidarte? La vida es lo más bonito que hay, no puedes despreciarla
así, sin más.- Volvieron a abrazarse, está vez Anne quería
consolarla y hacerle sentir que todo lo malo era pasajero.
-Enserio,
gracias- dijo con lágrimas en los ojos.- Eres una buena amiga.
~
# ~
-¿Señor
Stalh?- Mike miró hacia la puerta, que se habría ante sus ojos. Al
ver quien era sonrió.
-¿Señorita
Lauther?- Río de verdadera felicidad, pero tosió un poco después
por el asma.
-¿Te
encuentras bien?- Se acercó rápidamente a la camilla.
-Ahora
sí.- La miró a los ojos y se estremeció. ¿Cómo podía tener unos
ojos tan preciosos?
Ella
se apartó lo más rápido que pudo, cosa que entristeció a Mike.
Estaba más seria y distante que antes. Caminaba de un lado al otro
de la habitación, agitada.
-Había
pensado en darte de alta. Ya estás mejor, creo que solo ha sido un
momento de nerviosismo. ¿Qué opinas?
-Pues
… yo opinó que si aceptas el café que al final no nos tomamos, me
gustaría que me dieras el alta, sí, pero si no, no sé.- Le sonrió
dulcemente y ella lo miró extrañada.
-¿Me
estás pidiendo que vaya contigo a tomar café? Y sino, te quedas
aquí, de lapa.- Se giró, dándole la espalda.
-Sí,
algo así.
-De
momento te daré el alta, lo de el café me lo pensaré.- Sintió
como sus ojos verdes se le clavaban en la nuca.- Tendrás noticias de
mi, Mike.
Salió
de la habitación con un paso firme. Los ojos de Mike la miraron de
arriba a abajo y de abajo a arriba. Era la perfección en persona y
él tenía una oportunidad que iba a aprovechar.
~
# ~
-¡Amy!-
La llamaron a sus espaldas. Al darse la vuelta se estremeció. Alto,
piel y pelo claros y ojos oscuros.
-Hola,
Nico. ¿Qué tal?- Sonrió forzadamente, por no ser maleducada.
-Genial.
¿Y tú?
-Bueno,
no estoy tan mal.- Amy se echó a andar y Nico detrás.
-Me
han dicho que esta mañana te has ido a casa y no has vuelto hasta
ahora, ¿qué te ocurrió?- Se le veía interesado, pero más que en
lo que le había pasado en ella misma y lo sabía.
-Un
mareo, nada más.- Agachó la cabeza hacia el pisapapeles que tenía
entre las manos. “Michael Stalh” leyó, “Asmático”.- Tengo
que ir a atender a un paciente, Nico. Me alegra haberte visto.
-Espera
Amy. Me preguntaba si querrías venir conmigo a tomar algo, si
quieres, claro.- Era tímido y le costaba preguntar cosas así.
-No
sé, Nico.- Se tocó el cuello con la mano derecha, nerviosa.- Me lo
pienso y te digo, ¿vale?
-Perfecto.-
Se alejó de su lado rápidamente y ella se desvió a una habitación
cercana, donde tenía que atender a una mujer con un desvío de
columna.
~
# ~
Andaba
por el largo pasillo despacio, observando todo lo que lo rodeaba. El
calor era sofocante y asfixiante, cosa que no le gustaba en absoluto.
Antes
de darse cuenta se había chocado con alguien.
-Lo
siento, iba despistado- se disculpó.
-No
importa, yo también iba igual.- La reconoció al instante. ¿Cómo
podía encontrársela siempre, a todas horas?
-Mira
que bien, he tenido noticias de ti antes de lo que esperaba.- Ella
bajó la mirada, avergonzada.- ¿Te has pensado lo de el café?
Su
mente estaba hasta arriba, tenía que pensarse muchas cosas; el café
de Mike, el de Nico, que hacer con el papel arrugado que tenía
encima de la mesa y todo esto sumado al estrés del trabajo.
-No,
Mike, no me he pensado lo de el café. He estado muy liada.
-Solo
ha pasado una hora, tranquila, no hay prisa.- Le sonrió
tiernamente.- Toma mi número.
Cogió
un trozo de papel de recepción y un bolígrafo, y apuntó su número
de teléfono. Se lo tendió para que lo cogiera, y cuando lo hizo se
acercó a ella. Esta vez no pudo retroceder, sus ojos la engatusaron
y no pudo apartarse.
-Hola
Amy.
“Mierda”
pensaron los dos a la vez. Una parte de Amy se alegró, no conocía
las intenciones de Mike, pero se hacía una idea. Sí, quería
besarle, pero no ahí ni en ese preciso momento, primero porque sus
ánimos eran muy bajos, segundo porque estaba en el trabajo y tercero
porque Nico estaba allí, mirándolos.
-Hola
Nico, te presento a Mike.
-Encantado,
soy Nico.- Se estrecharon la mano, aunque Mike no se separaba de Amy.
Se notaba la tensión entre ellos.
-Yo
Mike, el …- Nico lo interrumpió.
-¿Novio?-
Le lanzó una mirada asesina mientras Amy lo miraba extrañada.
“Ojalá”
pensó Mike mientras miraba a Amy y se mordía el labio inferior.
-¡No!-
Intervino Amy.- Solo es un amigo.
-Bueno,
encantado. He de irme.- Arqueó los labios en forma de sonrisa,
intentando disimular la rabia que le corría por las venas y se
alejó.
-Ha
estado a punto de pillarnos- bromeó Mike cuando Nico ya no los
escuchaba.
-¿De
pillarnos? Claro que sí- dijo irónica. Se alejó de él todo lo
rápido que pudo, pero sabía que no se iba a rendir.
~
# ~
-Venga
ya, no me dirás que no te gusta, ¿verdad?- decía Anne mientras
caminaba pegada a ella.- Es muy guapo y se nota que tú también le
gustas.
-Anne,-
la miró con recelo- él no quiere nada conmigo.
Anne
la miró perpleja. “Sí que quiere algo con ella, está claro”,
pensaba. Ella era guapa, tenía una figura perfecta y un corazón de
oro, ¿cómo no le iba a gustar?
Amy
paró en recepción para recoger unos papeles y de paso tener un
tiempo de reflexión sobre lo que su amiga le decía. Echó a andar
de nuevo mientras revisaba los documentos.
-¿Sabes
dónde vive, su nombre, su número de teléfono?
Esas
tres últimas palabras la estremecieron. La nota que tenía en el
bolsillo parecía que la quemara, necesitaba sacarla y decírselo
todo a Anne.
-Sí,
tengo su número de teléfono- comenzó.- Me pidió que fuera con él
a tomar café, nada más.
-¿Y
no lo piensas llamar?- Tenía la boca abierta de sorpresa.- Si no lo
llamas tú me das el número que voy yo con él.
-Vale,
lo llamaré, pero no te pongas pesada.- Empezaron a reír las dos y
siguieron con su camino.
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