¿Cómo
podía estar tan feliz? Apenas lo conocía, pero eso le daba igual a
él, que aun acariciaba su cuello y besaba sus labios.
Sus
labios tenían un sabor dulce, era increíble lo que sentía con tan
solo un beso pero, ¿sentiría él lo mismo?
Él
no sentía lo mismo, sentía más incluso. En tan solo dos días se
había enamorado perdidamente de ella y no tenía palabras para
explicarlo.
Cuando
se separó un poco de ella le acarició los labios con los dedos de
la mano que tan solo un momento antes habían estado en su suave
cuello.
No
hablaron en un rato, simplemente se quedaron allí, a dos metros de
la cafetería mirándose, acariciándose.
-¿Cómo
has podido cambiar tanto mi vida en tan solo dos días?- le susurró
ella al oído.
-Eso
mismo me pregunto yo.- Le cogió un mechón de pelo rubio que tenía
en la cara y se lo colocó detrás de la oreja.
-Hace
tan solo dos días pensaba en suicidarme y ahora...- Mike la
interrumpió.
-¿Suicidarte?
¿Estás loca?- La agarró por los hombros y la miró a los ojos.- No
vuelvas a pensar eso nunca, ¿está claro?
Sin
darse ni siquiera cuenta ya estaba asintiendo. Sus ojos verdes se
clavaron en los de ella y después la abrazó.
-Si
a ti te pasará algo yo me moriría, ¿entiendes?
Ella
no respondió, mientras él la apretaba contra sí ella se
resguardaba en su pecho y una única lágrima de alegría rozó su
mejilla.
-¿Entramos?-
dijo él mientras la separaba de su cuerpo y le acariciaba la mejilla
y le secaba la lágrima.
Asintió
y lo cogió de la mano mientras andaban directos al local que había
frente a ellos, pero algo los detuvo. Mejor dicho, alguien.
-Hola
Amy- dijo con ironía.- Estás aquí con tu amigo, ¿no?
-Hola
Nico, no te había visto. ¿Qué tal?- intentó disimular, pero era
evidente que los había visto.
-Genial,
os he visto ya antes que estabais muy bien, me alegro- dijo irónico.
-Vamos
a ver, ¿nos tenemos que esconder?- intervino Mike.- Nos hemos
besado, ¿algún problema? Parece que nos sigues, siempre apareces en
el mejor momento, ¿cómo lo haces? Me estás empezando a fastidiar.
-Mike,
no hace falta ser grosero.- Amy entrelazó su mano con la de él,
cosa que lo calmó un poco.- Nico, me alegro de verte pero nos
tenemos que ir.
-Yo
también me tengo que ir, adiós.- Se alejó de allí en menos de
veinte segundos sin decir palabra.
-Enserio,
¿cómo se las apaña?- dijo Mike mientras entraban en la cafetería.
-No
lo sé pero debemos evitar follones, en tan solo dos días ya nos a
descubierto dos veces.- Empezó a reír, una risa preciosa para los
oídos de Mike.
-Bueno,
tomemos ese helado, nos hemos demorado mucho.- Y se sentaron en una
mesa esta vez fuera del local mientras lo decía.
~
# ~
Empezaba
a anochecer, lo que les decía que era tarde. La luna había salido
hacía ya un buen rato y los observaba desde el alto cielo.
Los
tacones de ella sonaban apagados. Estaba demasiado cansada para eso
pero, ¿cómo decirle que no?
-¿En
serio vamos a entrar ahí?- preguntó con los ojos desorbitados por
la sorpresa.
-Claro,
¿si no por que te iba a traer? Ya verás como te gusta.- Le tomó la
mano con más fuerza y la hizo andar más rápido.
-¡Para,
no corras! Acabamos de comer, nos va a subir la comida a la
garganta.- Paró en seco mientras respiraba todo lo fuerte que podía.
-Venga,
no seas quejica que seguro que te encanta.- Se acercó a ella y la
agarró por la cintura.- Venga, por mi.
¿Cómo
decir que no a semejante mirada, a semejante sonrisa, a semejante
beso que después de sus palabras le dio? Todo lo que hiciera sería
en vano, al final él decidiría porque esa noche era perfecta y él
la estaba haciendo perfecta.
Le
hizo caso siguiéndolo por la oscura calle que acababa en aquel
lugar. Aquel sitio que ha simple vista parecía un bar cutre y
desarmado, pero solo a primera vista.
Cuando
cruzaron la puerta de aquel antro que para ojos de Amy no era más
que un bar de poca monta, sus ojos se abrieron de par en par.
Estaban
en una discoteca grande y luminosa. Tenía una pista de baile lo
suficientemente grande como para cien personas y un barra
interminable con muchos camareros atendiéndola. Los focos eran de
colores y se movían en todas direcciones. La música estaba alta,
era una canción movida pero con buen ritmo y bastante pegadiza. Más
de ciento cincuenta personas se encontraban allí, bailando,
bebiendo.
-Madre
mía, esto es increíble- soltó ella mientras observaba todo a su
alrededor.
-Te
lo dije.- Le sonrío en la penumbra con sus dientes blancos.- Vamos a
tomar algo.
Se
acercaron a la barra y se hicieron un hueco entre la gente que no
paraba de bailar incluso en la barra.
-¿Qué
quieres beber?- le preguntó Mike mientras llamaba a un camarero con
la mano.
-Un
mojito.- Mike se sorprendió al oírlo pero, ¿por qué no? Era una
noche especial y aunque ella no solía beber el mojito le gustaba.
-¡Camarero!-
tuvo que gritar.- ¡Dos mojitos por favor!
Unos
minutos después un camarero alto y fuerte les puso las bebidas
encima de la barra. Las agarraron y brindaron.
-Por
nosotros- susurró él.
-Por
nosotros- repitió ella antes de besarlo y acto seguido beber de su vaso.
~
# ~
El
sol despuntaba el cielo mientras los primeros rayos se asomaban entre
las cortinas rosadas. Parecía que jugaran con ellas.
La
cama estaba desecha y su cuerpo dormido reposaba entre las sábanas
blancas que se pegaban a su piel sudada.
Cuando
los rayos de sol se cernieron sobre ella sus ojos aun pegados por las
pocas horas de sueño parpadearon, pero volvieron a cerrarse
rápidamente.
No había descansado nada en el poco rato que
había dormido. A altas horas de la madrugada había llegado a su
casa después de una noche de juerga absoluta.
Ya
se había despertado aunque aun estaba un poco confundida. Su primer
pensamiento de la mañana fue él, Mike. Se maldijo a sí misma por
pensar en él, pero no podía hacer otra cosa, ese chico que había
conocido tres días antes le había robado el corazón por completo.
Se
dio la vuelta en la cama, al lado que estaba fresco e intentó seguir
durmiendo, en vano.
“Call
me maybe” sonó en su teléfono cuando estaba a punto de volver a
conciliar el sueño, cuando dejó de pensar en él y en su noche
loca.
“Maldita
sea”, pensó para sus adentros y agarró el móvil que la había
espabilado. Al ver el nombre se quedó sin habla.
Deslizó
su fino dedo por la pantalla táctil y se lo llevó al oído mientras
seguía tumbada en la cama.
-¿Si?-
preguntó.
-¿Te
he despertado?- preguntaron al otro lado del teléfono.
-No,
solo estaba descansando- bromeó ella.- ¿Ocurre algo?
-No,
la verdad, solo te quería dar los buenos día.
¿Cómo
podía ser tan tierno? Solo había salido un día con él y ya le
estaba dando los buenos días.
-Pues,
ya puedes hacerlo- estaba en un estado intermedio entre inquieta y
sorprendida.
-Buenos
días, princesa mía- susurró.
-¿Cómo
puedes ser tan perfecto?- preguntó ella emocionada.
-Solo
intento llegar a tu altura.
-Y
sigues siendo tremendamente dulce, deja de hacerlo, que me enamoro-
le pidió mientras se mordía el labio inferior.
-Pensaba
que ya estabas enamorada- dijo e hizo una pequeña pausa- de mi.
Amy
sintió mil sensaciones que no recordaba haber sentido nunca. Por un
lado se sentía feliz de estar con aquel chico, por otro miedo a no
ser lo suficiente buena para él y por otro lado se sentía extraña.
-Bueno,
puede ser- bromeó.- Gracias.
-¿Gracias?
¿Por qué?- preguntó extrañado.
-Por
enamorarme- y soltó una risa nerviosa.
-Eso
debería decirlo yo.
Unos
golpes en la puerta interrumpieron la bonita y también bastante
empalagosa conversación.
-No
estarás en mi puerta, ¿no?- preguntó ella con el ceño fruncido.
-No,
yo estoy en mi casa.
-He
de irme, me reclaman- se despidió con mucho pesar.- Te quiero.
-Te
quiero.
De
sus labios cualquier palabra sonaba bien pero un “te quiero” era
algo que no se podía describir. Sentía que había vuelto a nacer
gracias a Mike, había vuelto a ser feliz.
ME Encanta, perfecto, siguiente ya!
ResponderEliminarGracias cielo:)
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