lunes, 22 de octubre de 2012

Capítulo 3, primera parte.~

No podía creer que dos días antes había pensado en suicidarse y en ese momento estuviera besando a Mike, aquel chico que la salvó hacía también un par de días.

¿Cómo podía estar tan feliz? Apenas lo conocía, pero eso le daba igual a él, que aun acariciaba su cuello y besaba sus labios.
Sus labios tenían un sabor dulce, era increíble lo que sentía con tan solo un beso pero, ¿sentiría él lo mismo?

Él no sentía lo mismo, sentía más incluso. En tan solo dos días se había enamorado perdidamente de ella y no tenía palabras para explicarlo.
Cuando se separó un poco de ella le acarició los labios con los dedos de la mano que tan solo un momento antes habían estado en su suave cuello.

No hablaron en un rato, simplemente se quedaron allí, a dos metros de la cafetería mirándose, acariciándose.

 -¿Cómo has podido cambiar tanto mi vida en tan solo dos días?- le susurró ella al oído.

-Eso mismo me pregunto yo.- Le cogió un mechón de pelo rubio que tenía en la cara y se lo colocó detrás de la oreja.

-Hace tan solo dos días pensaba en suicidarme y ahora...- Mike la interrumpió.

-¿Suicidarte? ¿Estás loca?- La agarró por los hombros y la miró a los ojos.- No vuelvas a pensar eso nunca, ¿está claro?

Sin darse ni siquiera cuenta ya estaba asintiendo. Sus ojos verdes se clavaron en los de ella y después la abrazó.

-Si a ti te pasará algo yo me moriría, ¿entiendes?
Ella no respondió, mientras él la apretaba contra sí ella se resguardaba en su pecho y una única lágrima de alegría rozó su mejilla.

-¿Entramos?- dijo él mientras la separaba de su cuerpo y le acariciaba la mejilla y le secaba la lágrima.

Asintió y lo cogió de la mano mientras andaban directos al local que había frente a ellos, pero algo los detuvo. Mejor dicho, alguien.

-Hola Amy- dijo con ironía.- Estás aquí con tu amigo, ¿no?

-Hola Nico, no te había visto. ¿Qué tal?- intentó disimular, pero era evidente que los había visto.

-Genial, os he visto ya antes que estabais muy bien, me alegro- dijo irónico.

-Vamos a ver, ¿nos tenemos que esconder?- intervino Mike.- Nos hemos besado, ¿algún problema? Parece que nos sigues, siempre apareces en el mejor momento, ¿cómo lo haces? Me estás empezando a fastidiar.

-Mike, no hace falta ser grosero.- Amy entrelazó su mano con la de él, cosa que lo calmó un poco.- Nico, me alegro de verte pero nos tenemos que ir.

-Yo también me tengo que ir, adiós.- Se alejó de allí en menos de veinte segundos sin decir palabra.

-Enserio, ¿cómo se las apaña?- dijo Mike mientras entraban en la cafetería.

-No lo sé pero debemos evitar follones, en tan solo dos días ya nos a descubierto dos veces.- Empezó a reír, una risa preciosa para los oídos de Mike.

-Bueno, tomemos ese helado, nos hemos demorado mucho.- Y se sentaron en una mesa esta vez fuera del local mientras lo decía.

~ # ~

Empezaba a anochecer, lo que les decía que era tarde. La luna había salido hacía ya un buen rato y los observaba desde el alto cielo.

Los tacones de ella sonaban apagados. Estaba demasiado cansada para eso pero, ¿cómo decirle que no?

-¿En serio vamos a entrar ahí?- preguntó con los ojos desorbitados por la sorpresa.

-Claro, ¿si no por que te iba a traer? Ya verás como te gusta.- Le tomó la mano con más fuerza y la hizo andar más rápido.

-¡Para, no corras! Acabamos de comer, nos va a subir la comida a la garganta.- Paró en seco mientras respiraba todo lo fuerte que podía.

-Venga, no seas quejica que seguro que te encanta.- Se acercó a ella y la agarró por la cintura.- Venga, por mi.

¿Cómo decir que no a semejante mirada, a semejante sonrisa, a semejante beso que después de sus palabras le dio? Todo lo que hiciera sería en vano, al final él decidiría porque esa noche era perfecta y él la estaba haciendo perfecta.

Le hizo caso siguiéndolo por la oscura calle que acababa en aquel lugar. Aquel sitio que ha simple vista parecía un bar cutre y desarmado, pero solo a primera vista.

Cuando cruzaron la puerta de aquel antro que para ojos de Amy no era más que un bar de poca monta, sus ojos se abrieron de par en par.

Estaban en una discoteca grande y luminosa. Tenía una pista de baile lo suficientemente grande como para cien personas y un barra interminable con muchos camareros atendiéndola. Los focos eran de colores y se movían en todas direcciones. La música estaba alta, era una canción movida pero con buen ritmo y bastante pegadiza. Más de ciento cincuenta personas se encontraban allí, bailando, bebiendo.

-Madre mía, esto es increíble- soltó ella mientras observaba todo a su alrededor.

-Te lo dije.- Le sonrío en la penumbra con sus dientes blancos.- Vamos a tomar algo.

Se acercaron a la barra y se hicieron un hueco entre la gente que no paraba de bailar incluso en la barra.

-¿Qué quieres beber?- le preguntó Mike mientras llamaba a un camarero con la mano.

-Un mojito.- Mike se sorprendió al oírlo pero, ¿por qué no? Era una noche especial y aunque ella no solía beber el mojito le gustaba.

-¡Camarero!- tuvo que gritar.- ¡Dos mojitos por favor!

Unos minutos después un camarero alto y fuerte les puso las bebidas encima de la barra. Las agarraron y brindaron.

-Por nosotros- susurró él.

-Por nosotros- repitió ella antes de besarlo y acto seguido beber de su vaso.

~ # ~

El sol despuntaba el cielo mientras los primeros rayos se asomaban entre las cortinas rosadas. Parecía que jugaran con ellas.

La cama estaba desecha y su cuerpo dormido reposaba entre las sábanas blancas que se pegaban a su piel sudada.

Cuando los rayos de sol se cernieron sobre ella sus ojos aun pegados por las pocas horas de sueño parpadearon, pero volvieron a cerrarse rápidamente.
 
No había descansado nada en el poco rato que había dormido. A altas horas de la madrugada había llegado a su casa después de una noche de juerga absoluta.

Ya se había despertado aunque aun estaba un poco confundida. Su primer pensamiento de la mañana fue él, Mike. Se maldijo a sí misma por pensar en él, pero no podía hacer otra cosa, ese chico que había conocido tres días antes le había robado el corazón por completo.

Se dio la vuelta en la cama, al lado que estaba fresco e intentó seguir durmiendo, en vano.

“Call me maybe” sonó en su teléfono cuando estaba a punto de volver a conciliar el sueño, cuando dejó de pensar en él y en su noche loca.

“Maldita sea”, pensó para sus adentros y agarró el móvil que la había espabilado. Al ver el nombre se quedó sin habla.

Deslizó su fino dedo por la pantalla táctil y se lo llevó al oído mientras seguía tumbada en la cama.

-¿Si?- preguntó.

-¿Te he despertado?- preguntaron al otro lado del teléfono.

-No, solo estaba descansando- bromeó ella.- ¿Ocurre algo?

-No, la verdad, solo te quería dar los buenos día.

¿Cómo podía ser tan tierno? Solo había salido un día con él y ya le estaba dando los buenos días.

-Pues, ya puedes hacerlo- estaba en un estado intermedio entre inquieta y sorprendida.

-Buenos días, princesa mía- susurró.

-¿Cómo puedes ser tan perfecto?- preguntó ella emocionada.

-Solo intento llegar a tu altura.

-Y sigues siendo tremendamente dulce, deja de hacerlo, que me enamoro- le pidió mientras se mordía el labio inferior.

-Pensaba que ya estabas enamorada- dijo e hizo una pequeña pausa- de mi.

Amy sintió mil sensaciones que no recordaba haber sentido nunca. Por un lado se sentía feliz de estar con aquel chico, por otro miedo a no ser lo suficiente buena para él y por otro lado se sentía extraña.

-Bueno, puede ser- bromeó.- Gracias.

-¿Gracias? ¿Por qué?- preguntó extrañado.

-Por enamorarme- y soltó una risa nerviosa.

-Eso debería decirlo yo.

Unos golpes en la puerta interrumpieron la bonita y también bastante empalagosa conversación.

-No estarás en mi puerta, ¿no?- preguntó ella con el ceño fruncido.

-No, yo estoy en mi casa.

-He de irme, me reclaman- se despidió con mucho pesar.- Te quiero.

-Te quiero.

De sus labios cualquier palabra sonaba bien pero un “te quiero” era algo que no se podía describir. Sentía que había vuelto a nacer gracias a Mike, había vuelto a ser feliz.

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