lunes, 22 de octubre de 2012

Capítulo 3, segunda parte.~

Colgó y dejó el móvil encima de la mesita de noche donde había estado toda la noche hasta hacía unos minutos y se dispuso a abrir la puerta.

Se deslizó hasta la puerta y la abrió cuidadosamente. Encontró una sonrisa detrás de ella y supo que tendría compañía para un buen rato.

-Dios mío, me he enterado, me lo tienes que contar todo, con lujo de detalles. ¿Puedo pasar?- Antes de que pudiera afirmarlo entró y se sentó en el sofá blanco.

-Sí, Anne, puedes entrar- dijo Amy con sorna.- ¿Qué te cuente que?

-Lo que pasó anoche, ¿qué va a ser sino?

-¿Quieres un café?- desvió la conversación ella.

-Sí, pero también quiero saber que pasó.- Estaba decidida a irse de allí con todo los detalles y no había vuelta atrás.

-Vale, no te preocupes. Pareces una cría de quince años, ¿sabes?- Y se echó a reír.

-Pues pareceré pero al menos me intereso por ti- después de decir esto le hizo una mueca de disgusto.

Puso una cápsula de café en su Nespresso y esperó hasta que estuvo hecho, después repitió el proceso y cuando estuvieron los dos cafés se los llevó a la mesa junto a el azúcar y la leche merengada.

Anne, sin una palabra cogió uno de los vasos y se echó leche y azúcar. Bebió un sorbo y miró a Amy que estaba ya con el vaso en la boca.

-¿No le has echado azúcar?- se extrañó Anne.

-Me lo tomo sin nada.

La amiga se extrañó ante sus gustos. ¿Café solo? Jamás lo había pensado.

-A lo que vamos, no me desvíes del tema- se acercó un poco más a ella.- ¿Qué pasó? Suelta.

-Solo cenamos, nos tomemos unas copas y volvimos a casa.- Se llevó el vaso a la boca justo después de decir esas palabras y bebió un sorbo con los ojos cerrados.

-Eso no es cierto, ¿verdad?

Un sonido la interrumpió, un sonido que conocía muy bien. Anne miró a su amiga con malas intenciones. A veces podía ser demasiado cotilla. 

-Ni se te ocurra- dijo la anfitriona mientras se levantaba despacio con “Call me maybe” de fondo, pero su amiga ya tenía una estrategia.

Salió a correr hasta su habitación y cogió el móvil con una habilidad increíble. Miró la pantalla táctil y vio un nombre, su nombre.

-Dios mío, ¿ya te está llamando por la mañana? Eso es algo, cielo- la picó Anne.

-Cállate ya y suelta mi móvil.- Se lo quitó de las manos, suspiró y lo cogió.- ¿Mike?

-Perdón por molestar, pero se me acaba de ocurrir una idea genial- se le oía ilusionado y eso le encantaba.- ¿Estás sola?

-No hijo, no. Tengo a señorita cotilla- bromeó.- ¿Qué se te a ocurrido?

-¿Señorita cotilla, quién es esa?

-Es Anne, la enfermera, ¿recuerdas?

Anne se estaba partiendo de risa. No podía creer lo que estaba escuchando.

-Ah, ya me acuerdo, salúdala de mi parte- rió un poco y siguió.- Se me ha ocurrido un lugar para ir esta noche, pero es una sorpresa.

-Mañana tengo que trabajar, no será como anoche ¿no?- frunció el ceño al ver el semblante de Anne.

-No, ni parecido. No llegarás muy tarde a casa, tranquila. ¿Te parece bien entonces?

-Vale, pero también tenemos que hablar de una cosa. Yo no puedo darme más juergas como la de anoche, ¡no tengo dieciséis años!- bromeó pero era cierto que tenía que comentárselo.

-Bien, hablaremos de eso más tarde. Te recojo a las siete en tu casa- estaba más que contento, fascinado.- Un segundo, si ayer estuviste de guardia, ¿cómo que tienes que trabajar mañana?

-Solo es por la mañana, de siete a dos, pero tengo que madrugar- al decir estas palabras recordó que solo veinticuatro horas antes Mike estaba ingresado. Dio gracias a Dios por que solo había sido un ataque.- Nos vemos a las siete.

Colgó el móvil rápidamente sin despedirse si quiera, no le apetecía que Anne bromeara con eso.

 -¡Pero que sosa!- exclamó.- ¡Ni siquiera te has despedido!

-Mira Anne, ya sabes que salgo con Mike, no bromees con esto por favor- le suplicó.

-Está bien, ¿qué te parece si vamos de compras? Tienes que ir guapa a tu cita- intentó sonar lo más seria posible.

-Está bien, pero no te pongas pesada, ¿eh?- sonrió.

~ # ~

Se había levantado hacía bastante rato, la cama estaba desecha y el móvil estaba cerca, muy cerca.

Una idea le recomía la cabeza. “¿Debo hacerlo?”. Se decía que si pero, ¿realmente quería? Ni ella misma lo sabía.

Tras unos momentos pensando que estaría bien, decidió hacerlo, aunque no era lo mejor que podía hacer.

Sentía demasiadas cosas; rabia, celos, nervios y sobre todo y aunque intentaba evitarlo a toda costa amor. Aunque no quisiera admitirlo lo seguía queriendo, pero había cometido un error que no podía solucionar fácilmente.

Se llevó el móvil al oído y oyó el primer pitido y el segundo. Empezaba a inquietarse cuando se oyó al otro lado:

-¿Si?

-Hola- dijo tímidamente.

Tras un silencio que casi se le hizo eterno la voz de Mike resonó seca y dura.

-No me llames más.

-Mike, solo quería...

-Déjalo vale- la cortó- no voy a hablar más contigo, te he olvidado ya. ¿Te queda claro?

-Pero...

-¡No hay pero que valga!- chilló él.- Lo nuestro se acabó, entiéndelo de una vez. Estoy rehaciendo mi vida y espero que al menos eso lo respetes.

-Pero si solo hace...

-¿Seis meses? ¿Te parece poco? Seis meses sin saber nada de ti y ahora vienes cuando he encontrado a alguien.- Estaba realmente disgustado, se le notaba en el tono de voz.

No le dio tiempo a replicar, ya había colgado.

Mientras la ira subía por sus venas y el móvil caía al suelo se maldijo a sí misma y a la persona que Mike había encontrado.

~ # ~

-Que calor- susurró mientras se encajaba el vestido.- No puedo llevar esto, es demasiado elegante.

-No seas tonta- la interrumpió su amiga- debes ir lo mejor posible.

Amy miraba con cara de desconsolación a Anne. Ese vestido de palabra de honor rojo y esos tacones de quince centímetros no eran apropiados. Mike había dicho que no iban a ir a ningún lugar en especial. ¿Para que llevar esa ropa?

-Mira Anne- dijo mientras se quitaba el vestido-, me voy a poner una camiseta y unos pantalones cortos vaqueros y me da igual lo que digas.

-¿Y para qué te compras el vestido?- Anne tenía la boca abierta.

-Para otra ocasión, quizás.- Tras recapacitar soltó.- Mejor, quédatelo tú.

Anne sonrió y la abrazó. Aún en ropa interior Amy le devolvió el abrazo.

-Muchas gracias, me encanta el vestido, sinceramente.

Después de reír como locas, Amy si puso una camiseta de manga corta de color amarillo y unos pantalones vaqueros cortos. Terminó unas zapatillas deportivas blancas.

-Estás perfecta- apuntó su amiga desde la puerta de la habitación mientras Amy se miraba al espejo dudosa.

-¿Tú crees?

-No lo creo, lo veo.

Los ojos de ambas se encontraron en el espejo. Amy miró hacia atrás y le sonrió.

-Eres un cielo, ¿lo sabías?

-¿Ahora te das cuenta?- bromeó.

Unos momentos después Amy cogía su bolso, abarrotado de cosas como de costumbre y salía de el apartamento acompañada de Anne. Las dos amigas se separaron poco después, cuando Amy divisó a Mike a lo lejos.

-No quiero ser un estorbo, me marcho ya.- Le dio dos besos a su amiga y se despidió con la mano mientras se alejaba.

-Adiós Anne, muchas gracias.

Mike se acercaba poco a poco mientras que Amy se preguntaba como podía vestir tan bien. Llevaba unos pantalones azules oscuros y una camiseta blanca con un logotipo de “Chupa-chups” en amarillo.

Él al verla a ella pensó lo mismo, sus piernas delgadas y largas al descubierto llamaron su atención. No se había fijado antes. Su larga cabellera rubia le caía en forma de cascada por la espalda y sus labios rosados resaltaban con su piel.

La quería, la quería muchísimo e iba a hacer hasta lo imposible para que nada ni nadie se interpusiera entre ellos.

2 comentarios:

  1. Bien! Por fin, me encanta espero el siguiente rápido!
    un beso y pásate por mi blog:)

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