Colgó
y dejó el móvil encima de la mesita de noche donde había estado
toda la noche hasta hacía unos minutos y se dispuso a abrir la
puerta.
Se
deslizó hasta la puerta y la abrió cuidadosamente. Encontró una
sonrisa detrás de ella y supo que tendría compañía para un buen
rato.
-Dios
mío, me he enterado, me lo tienes que contar todo, con lujo de
detalles. ¿Puedo pasar?- Antes de que pudiera afirmarlo entró y se
sentó en el sofá blanco.
-Sí,
Anne, puedes entrar- dijo Amy con sorna.- ¿Qué te cuente que?
-Lo
que pasó anoche, ¿qué va a ser sino?
-¿Quieres
un café?- desvió la conversación ella.
-Sí,
pero también quiero saber que pasó.- Estaba decidida a irse de allí
con todo los detalles y no había vuelta atrás.
-Vale,
no te preocupes. Pareces una cría de quince años, ¿sabes?- Y se
echó a reír.
-Pues
pareceré pero al menos me intereso por ti- después de decir esto le
hizo una mueca de disgusto.
Puso
una cápsula de café en su Nespresso y esperó hasta que estuvo
hecho, después repitió el proceso y cuando estuvieron los dos cafés
se los llevó a la mesa junto a el azúcar y la leche merengada.
Anne,
sin una palabra cogió uno de los vasos y se echó leche y azúcar.
Bebió un sorbo y miró a Amy que estaba ya con el vaso en la boca.
-¿No
le has echado azúcar?- se extrañó Anne.
-Me
lo tomo sin nada.
La
amiga se extrañó ante sus gustos. ¿Café solo? Jamás lo había
pensado.
-A
lo que vamos, no me desvíes del tema- se acercó un poco más a
ella.- ¿Qué pasó? Suelta.
-Solo
cenamos, nos tomemos unas copas y volvimos a casa.- Se llevó el vaso
a la boca justo después de decir esas palabras y bebió un sorbo con
los ojos cerrados.
-Eso no es cierto, ¿verdad?
Un
sonido la interrumpió, un sonido que conocía muy bien. Anne miró a
su amiga con malas intenciones. A veces podía ser demasiado cotilla.
-Ni
se te ocurra- dijo la anfitriona mientras se levantaba despacio con
“Call me maybe” de fondo, pero su amiga ya tenía una estrategia.
Salió
a correr hasta su habitación y cogió el móvil con una habilidad
increíble. Miró la pantalla táctil y vio un nombre, su nombre.
-Dios
mío, ¿ya te está llamando por la mañana? Eso es algo, cielo- la
picó Anne.
-Cállate
ya y suelta mi móvil.- Se lo quitó de las manos, suspiró y lo
cogió.- ¿Mike?
-Perdón
por molestar, pero se me acaba de ocurrir una idea genial- se le oía
ilusionado y eso le encantaba.- ¿Estás sola?
-No
hijo, no. Tengo a señorita cotilla- bromeó.- ¿Qué se te a
ocurrido?
-¿Señorita
cotilla, quién es esa?
-Es
Anne, la enfermera, ¿recuerdas?
Anne
se estaba partiendo de risa. No podía creer lo que estaba
escuchando.
-Ah,
ya me acuerdo, salúdala de mi parte- rió un poco y siguió.- Se me
ha ocurrido un lugar para ir esta noche, pero es una sorpresa.
-Mañana
tengo que trabajar, no será como anoche ¿no?- frunció el ceño al
ver el semblante de Anne.
-No,
ni parecido. No llegarás muy tarde a casa, tranquila. ¿Te parece
bien entonces?
-Vale,
pero también tenemos que hablar de una cosa. Yo no puedo darme más
juergas como la de anoche, ¡no tengo dieciséis años!- bromeó pero
era cierto que tenía que comentárselo.
-Bien,
hablaremos de eso más tarde. Te recojo a las siete en tu casa-
estaba más que contento, fascinado.- Un segundo, si ayer estuviste
de guardia, ¿cómo que tienes que trabajar mañana?
-Solo
es por la mañana, de siete a dos, pero tengo que madrugar- al decir
estas palabras recordó que solo veinticuatro horas antes Mike estaba
ingresado. Dio gracias a Dios por que solo había sido un ataque.-
Nos vemos a las siete.
Colgó
el móvil rápidamente sin despedirse si quiera, no le apetecía que
Anne bromeara con eso.
-¡Pero
que sosa!- exclamó.- ¡Ni siquiera te has despedido!
-Mira
Anne, ya sabes que salgo con Mike, no bromees con esto por favor- le
suplicó.
-Está
bien, ¿qué te parece si vamos de compras? Tienes que ir guapa a tu
cita- intentó sonar lo más seria posible.
-Está
bien, pero no te pongas pesada, ¿eh?- sonrió.
~
# ~
Se
había levantado hacía bastante rato, la cama estaba desecha y el
móvil estaba cerca, muy cerca.
Una
idea le recomía la cabeza. “¿Debo hacerlo?”. Se decía que si
pero, ¿realmente quería? Ni ella misma lo sabía.
Tras
unos momentos pensando que estaría bien, decidió hacerlo, aunque no
era lo mejor que podía hacer.
Sentía
demasiadas cosas; rabia, celos, nervios y sobre todo y aunque
intentaba evitarlo a toda costa amor. Aunque no quisiera admitirlo lo
seguía queriendo, pero había cometido un error que no podía
solucionar fácilmente.
Se
llevó el móvil al oído y oyó el primer pitido y el segundo.
Empezaba a inquietarse cuando se oyó al otro lado:
-¿Si?
-Hola-
dijo tímidamente.
Tras
un silencio que casi se le hizo eterno la voz de Mike resonó seca y
dura.
-No
me llames más.
-Mike,
solo quería...
-Déjalo
vale- la cortó- no voy a hablar más contigo, te he olvidado ya. ¿Te
queda claro?
-Pero...
-¡No
hay pero que valga!- chilló él.- Lo nuestro se acabó, entiéndelo
de una vez. Estoy rehaciendo mi vida y espero que al menos eso lo
respetes.
-Pero
si solo hace...
-¿Seis
meses? ¿Te parece poco? Seis meses sin saber nada de ti y ahora
vienes cuando he encontrado a alguien.- Estaba realmente disgustado,
se le notaba en el tono de voz.
No
le dio tiempo a replicar, ya había colgado.
Mientras
la ira subía por sus venas y el móvil caía al suelo se maldijo a
sí misma y a la persona que Mike había encontrado.
~
# ~
-Que
calor- susurró mientras se encajaba el vestido.- No puedo llevar
esto, es demasiado elegante.
-No
seas tonta- la interrumpió su amiga- debes ir lo mejor posible.
Amy
miraba con cara de desconsolación a Anne. Ese vestido de palabra de
honor rojo y esos tacones de quince centímetros no eran apropiados.
Mike había dicho que no iban a ir a ningún lugar en especial. ¿Para
que llevar esa ropa?
-Mira
Anne- dijo mientras se quitaba el vestido-, me voy a poner una
camiseta y unos pantalones cortos vaqueros y me da igual lo que
digas.
-¿Y
para qué te compras el vestido?- Anne tenía la boca abierta.
-Para
otra ocasión, quizás.- Tras recapacitar soltó.- Mejor, quédatelo
tú.
Anne
sonrió y la abrazó. Aún en ropa interior Amy le devolvió el
abrazo.
-Muchas
gracias, me encanta el vestido, sinceramente.
Después
de reír como locas, Amy si puso una camiseta de manga corta de color
amarillo y unos pantalones vaqueros cortos. Terminó unas zapatillas
deportivas blancas.
-Estás
perfecta- apuntó su amiga desde la puerta de la habitación mientras
Amy se miraba al espejo dudosa.
-¿Tú
crees?
-No
lo creo, lo veo.
Los
ojos de ambas se encontraron en el espejo. Amy miró hacia atrás y
le sonrió.
-Eres
un cielo, ¿lo sabías?
-¿Ahora
te das cuenta?- bromeó.
Unos
momentos después Amy cogía su bolso, abarrotado de cosas como de
costumbre y salía de el apartamento acompañada de Anne. Las dos
amigas se separaron poco después, cuando Amy divisó a Mike a lo
lejos.
-No
quiero ser un estorbo, me marcho ya.- Le dio dos besos a su amiga y
se despidió con la mano mientras se alejaba.
-Adiós
Anne, muchas gracias.
Mike
se acercaba poco a poco mientras que Amy se preguntaba como podía
vestir tan bien. Llevaba unos pantalones azules oscuros y una
camiseta blanca con un logotipo de “Chupa-chups” en amarillo.
Él
al verla a ella pensó lo mismo, sus piernas delgadas y largas al
descubierto llamaron su atención. No se había fijado antes. Su
larga cabellera rubia le caía en forma de cascada por la espalda y
sus labios rosados resaltaban con su piel.
La
quería, la quería muchísimo e iba a hacer hasta lo imposible para
que nada ni nadie se interpusiera entre ellos.
Bien! Por fin, me encanta espero el siguiente rápido!
ResponderEliminarun beso y pásate por mi blog:)
Gracias cieelo y siento la espera:$ Claro que sí^^
Eliminar