miércoles, 31 de octubre de 2012

Capítulo 4, primera parte.~


-Es precioso- dijo con lágrimas en los ojos.

 -Pensé que te gustaría- contestó él.

-Pues has acertado- terminó ella mientras lo miraba a los ojos y seguidamente lo besaba.

Empezaba a refrescar. En aquella parte de Central Park no se veía un alma. No había luces que impidieran ver las estrellas y los dos estaban abrazados.

Bajo sus brazos, Amy empezó a tiritar. Hacía un poco de frío y ella no iba con la ropa apropiada para combatirlo.

-¿Tienes frío?- le preguntó preocupado.

-Un poco, no te preocupes- dijo ella mientras se acercaba más a él.

Mike se giró y cogió algo de su mochila.

-Menos mal que venía preparado- le sonrió.

Cogió la manta, la estirazó y se la echo encima a Amy.

-Esto es perfecto.- Tras un segundo dudando decidió sincerarse.- Mi padre y yo solíamos contemplar las estrellas cada noche. Cerca de nuestra casa había un lugar...

No pudo continuar, tragó saliva y se aguantó lágrimas. Aquellos recuerdos eran demasiado dolorosos.

-No tienes que hacerlo. Hay tiempo- la animó mientras la abrazaba con más fuerza.

-Necesito hacerlo.- Paró un segundo.- Cerca de nuestra casa había un lugar perfecto para divisar las estrellas. Mi padre sabía mucho de eso, me enseño muchísimo.

Se oía la melancolía en su voz, no podía evitarlo.

-Lo querías mucho, ¿no?

-Muchísimo- no pudo aguantar las lágrimas, una de ellas se deslizó por su mejilla al recordar a su padre, aquel hombre de ojos azules y pelo claro, bonachón y un poco regordete por la edad que la crió lo mejor que había podido.

-¿Dónde vivíais?- preguntó Mike a su novia.

-Al norte de Nueva York- una sonrisa fugaz se escapó de sus labios.

-¿Y cuando te mudaste aquí?- se le veía interesado por su vida, su pasado, todo lo referente a ella.

-Cuando tenía dieciocho años me fui de casa- empezó ella-, me había enfadado con mi padre por culpa de un novio que tuve, Marcus, y me convenció de que me fuera con él. Nos vinimos aquí, empecé a estudiar la carrera de medicina, pero todo no fue tan bien como yo pensaba que iba a ser.

Mike la miró asombrado. No sabía nada de la vida de Amy y cuanto más sabía, más lo asombraba.

-Cuando me vine- prosiguió- pensaba que todo sería maravilloso; Marcus y yo viviendo juntos, yo estudiando lo que siempre quise... pero me faltaba mi padre.

-¿Y qué hiciste?- le animó Mike a seguir.

-Quise volver- otra lágrima rozó su mejilla- pero no pude. Marcus no quería que me fuera, me amenazó, me dijo que no sería feliz si no era con él.

La cara de asombro de Mike la ayudó a seguir. Necesitaba contárselo, ser sincera con él.

-Un día le pedí que fuéramos a ver a mi padre y se puso como un loco. Empezó a gritar y a romper cosas, el apartamento quedó destrozado y a mi... a mi me pegó.- Lo miró a los ojos mientras otra de sus lágrimas bajaba por su cara.

-¿Te... te pegó?- tartamudeó.

-Sí.

Su mirada se vio cegada por la ira que recorría todo su ser.

-¿Sabes dónde vive?- preguntó mirando al frente.

Ella calló mientras observaba sus manos inquietas.

-¿Sabes dónde vive?- repitió.

-No te lo he dicho para que vallas a por él y le pidas explicaciones- intentó calmarlo pero no podía, estaba demasiado alterado.

-No debió hacer eso, ¿cómo pudo?

-No lo sé pero no merece la pena, ¿vale?- le acarició y luego lo besó.- Ya eso 
pasó y ahora estamos bien tú y yo aquí observando las estrellas.

Un silencio incómodo los inundó por completo hasta que Amy se giró y lo miró a los ojos.

-¿Mike?

Este que estaba mirando al frente movió la cabeza y la miró. Al ver las lágrimas en sus ojos supo que no quería que se metiera en eso.

-Te quiero- dijo él.

-Yo más.

~ # ~

-Una tostada por favor- pidió amablemente.

La señora se encaminó a la cocina y al poco volvió con la tostada en las manos.

-¿Quieres mantequilla?- preguntó la camarera.

-Por favor.

La camarera sonriente le pasó la mantequilla y le deseó buenos días mientras que él ya empezaba a untar su tostada.

-¿Perdona?- escuchó a sus espaldas un segundo después.- ¿Eres Nico?

-Sí- dijo extrañado y dejando su tostada bañada en mantequilla sobre el plato.- 
¿Y tú eres...?

Aquella chica morena, de ojos pardos y de estatura media sonrió.

-Soy Carol- le tendió la mano para estrechársela.- Encantada.

Nico se quedó boquiabierto. ¿De qué lo conocía esa tal Carol? Él no la había visto en su vida.

-¿Nos conocemos?

Carol sonrió mientras miraba al suelo. A Nico no le parecía una buena señal, pero esperó a que ella se decidiera a hablar.

-Ahora sí. ¿Puedo acompañarte?- dijo señalando a la silla que había al su lado.

-Por supuesto- dijo él antes de llevarse la tostada de nuevo a la boca y darle un gran mordisco.

-Camarera, un café con leche, por favor- pidió Carol.- Y bueno, ¿no me vas a 
preguntar por qué estoy aquí?

La camarera llevó su café y le cobró. Carol se limitó a remover el café y sorberlo.

-¿Por qué estás aquí?- preguntó Nico después de terminarse la deliciosa tostada.

-Porque creo qué tú y yo tenemos algo en común- lo miró recelosa mientras bebía el último sorbo de su café.

-¿Y qué es ese “algo”?

-Que ni tú ni yo queremos que Mike y Amy estén juntos, ¿no?- dijo Carol remarcando cada palabra y dejando a Nico sin aliento.

1 comentario: